Parto Respetado, DE ACÁ!

Esta semana es, en todo el mundo, la Semana del Parto Respetado. Eso me recordó mis partos. Pensé en el primero, y en lo distinto que fue al segundo. Me acordé de los miedos y de la idiotez en el primero, en contraposición a las certezas absolutas y el empoderamiento durante el segundo.

¿Es necesario sancionar una ley para evitar el avasallamiento de los derechos del bebe que nace y la madre que pare? ¡Sí! Un delirio absoluto pero hubo que hacerlo. Fue en el 2004 y aún no se reglamenta.

Es la Ley Nacional del Parto y Nacimiento Humaanizado Ley 25929 y, hasta el 20 de este mes se celebrará la Semana Internacional del Parto Respetado, dicada a debatir sobre el tema. Este año el lema será “¿40 semanas? Respetemos los tiempos del nacimiento”

 La idea es lograr la adhesión de la Ciudad de Bs.As. a la Ley y la implementación de acciones para su reglamentación. Y también la justificación del ridículo y preocupante número de cesáreas que van en aumento desmedido (siendo del 30-40 % a nivel público y 70/80 %  a nivel privado). En referencia a esto último se le pide al estado el control directo sobre las obras sociales y prepagas, para evitar el negocio de la mala utilización de esta práctica que, cuando no es necesari, atenta contra la salud y las necesidades de las mujeres y los niños/as.

Es por ésto, entre otras cuestiones, que los partos y los nacimientos son o debieran ser de interés y responsabilidad directa del sistema sanitario público. Ésto sin mencionar las 500 muertes al año por violencia obstétrica extrema, fallas imperdonables en el sistema sanitario tanto en el ámbito privado como público, pero donde un Estado ausente es imperdonable.

Habrá sido porque tengo todos estos temas en la cabeza que se me removieron mis propias historias de parto. En particular el primero, donde fui víctima de la violencia obstétrica, en parte por la inseguridad de ser primeriza y por esa falta de información que esta ley intenta evitar.

 

 

Les puedo asegurar que una mamá pariendo es de las cosas más vulnerables que hay. Ante la posibilidad que algo le pase al niño, es sumisa, acata las órdenes del médico y hasta es capaz de parir en contra de la ley de gravedad (una verdadera “genialidad” de la medicina). Una parturienta hace lo que le dicen, como le dicen, porque el médico es el director de orquesta… he aquí el primer gran error. Muchas veces la medicina olvida que los protagonistas indiscutidos de un parto son la madre y el bebé y que todos debieran estar atentos a SUS tiempos y a SUS necesidades y no al revés. Y esos tiempos y necesidades deben ser respetados y jamás violentados. Bueno, eso no siempre se da en el sistema sanitario “ortodoxo”.

En fin. Quisiera compratir con ustedes la historia de mi primer parto. Duro, angustiante, frustrante y con un saldo de sentimiento de culpa que me dejó una depresión posparto que me tuvo llorando como una magdalena quince días seguidos.

Después de 9 horas de trabajo de parto no dilaté lo sificiente y me llevaron a cesárea porque “el bebe ya pasa de la bradicardia a la bradicardia, mami. Eso lo pone en riesgo”. Nueve horas de trabajo de parto en las que pasó todo lo que la ley dice que no debe pasar: me colocaron oxcitocina para dilatar desde que llegué, no me dejaron caminar para poder colaborar con la dilatación, no me dieron toda la información sobre lo que me hacían, inyectaban y las consecuencias de cada una de esas maniobras, le cortaron el cordón al bebé en seguida y se llevaron se lo llevaron ni bien nació…en fin, a mí no me vengan con el parto respetado. ¡PARTO RESPETADO…DE ACÁ!

Como si todo eso fuera poco, fruto de la violencia obstétrica (producto de la ignorancia) que padecí, la segunda noche de internación terminé con de ataques de pánico, lo que me llevó a salir corriendo de ese clínica terrorífica en menos de 36 horas.

Cuando entré a la clínica del Barrio de Palermo me dieron una suerte de “Guía para padres internados” con consejos a tener en cuenta. Iban desde darle amor al bebé, ó cómo sacarle los peditos, hasta la importancia de NO SOBRESALTAR AL BEBE MIENTRAS DUERME.

Aunque parezca imposible, recién parida y todo, el personal de un  sanatorio privado carísimo cumple con sus protocolos del orrrrto sin importarle en lo más mínimo tu cansancio, tus tiempos, ni tus emociones, algo a lo que a las mujeres nos tienen bastante acostumbradas. Ni bien volvés de parir, así sean las 2 de la mañana: entran a la habitación un ejército de pelotudos cada 4 horas, para ver si se terminó el papel higiénico, para ver si el bebé está bien, para ver si tenés suero … y para ver si te pueden romper un poco más las pelotas.

NO SOBRESALTAR AL BEBE MIENTRAS DUERME, decía la guía para padres primerizos. Una habitación en una clínica privada carísima para parir, incluye prender de un saque la luz de arriba… cada 4 fucking horas… la de limpieza, la nurse, la de neonatología y la recalcada madre madre que los parió.

A mi cuarto entraron, una de las veces, a media noche. Yo había parido hacía pocas horas. Por fin, después de 9 horas de trabajo de parto que terminó en cesárea con angustia y frustración, logré dormirme a eso de las 22hs. A la medianoche, sin importarles nada, entraron tres mujeres, prendieron a lo bestia la luz de arriba. El bebé, que dormía conmigo en la cama, se despertó a los gritos y yo, pensando que lo había aplastado mientras dormía, también me desperté a los gritos. Me agarró como un ataque de nervios entre sueños a tal punto que no podía dejar de gritar. En medio de esa escena confusa, entre sueños y violencia absoluta, una enfermera saca al bebe de mi cama… o sea ME SACA A MI HIJO y me dice: “Me lo llevo porque así no le servís de nada a tu hijo, mami”… así no le servís de nada a mí hijo…YO, LA MADRE, ERA UNA MALA MAMÁ, a las pocas horas y esa yegua era el juez…y se lo llevó, la muy infeliz. ¡PARTO RESPETADO …DE ACÁ!

Pero la vida te sorprende y te permite reparar. A dos días de parir a Benjamín, me intercepta en la calle una mujer de la ONG “Dando a Luz” para pedirme protagonizar ésta campaña sobre Parto Respetado que hice en el 2006. Ahí entendí todo y encontré mi causa, gracias a lo cual pude sanar muchas heridas.

 

Aquel fue mi debut en el Sistema Sanitario Privado. Así me dijeron MAMI por primera vez. A esa enfermera infame a la que me referí más arriba, que pensó que yo no le servía de nada a mi hijo, le quiero decir: primero, que una madre es todo lo que necesita un hijo ni bien abre los ojos y que yo, en particular, soy una madre amorosa, que los sé cuidar y que lo supe hacer desde ese momento en que ella se lo llevó. Lo que no te mata te hace más fuerte. Y esa experiencia, que debe ser solo una más de las millones de anécdotas diarias, a mí me pudo haber cagado la experiencia materna, pero las madres somos sabias y el amor de un hijo todo lo sana. Las mujeres parimos y somos madres desde que existe la raza humana. Traemos una información básica pre-seteada que les permite a las crías subsistir. Nosotras nacemos sabiendo “eso” que tenemos que saber pero, para que “ESO” funcione, el sistema de salud no debe interferir. Y el Estado no puede estar ausente.

 

A esa enfermera CONCHUDA, a la que me referí más arriba, que pensó que yo no le servía de nada a mi hijo, le quiero decir: primero, que una madre es todo lo que necesita un hijo ni bien abre los ojos y que yo, en particular, soy una madre amorosa, que los sé cuidar y que lo supe hacer desde ese momento en que ella se lo llevó. Lo que no te mata te hace más fuerte. Y esa experiencia, que debe ser solo una más de las millones de anécdotas diarias, a mí me pudo haber cagado la experiencia materna, pero las madres somos sabias y el amor de un hijo todo lo sana. Las mujeres parimos y somos madres desde que existe la raza humana. Traemos una información básica pre-seteada que le permite a las crías subsistir. Nosotras nacemos sabiendo “eso” que tenemos que saber pero, para que funcione, el sistema de salud no debe interferir.

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