El Forro y la Boluda - Cap. 58 - Sacate el pullover…

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Voy a hacer una aclaración: no me gustan los metro sexuales… A ver… Un flaco que tiene las cejas mejor depiladas que yo, me da gay… Y ojo que uno de mis mejores amigos es puto, y lo AMO!! Pero NO me siento atraída por ese tipo de hombre. Aunque tampoco por el absoluto opuesto…

Después de aquella primera cita con Charly, intercambiamos un par de chats, pero nada demasiado concreto. Era medio bizarra la situación de conocernos del ámbito laboral, pero habernos encontrado por Tinder… Pero, por sobre todas las razones, la sensación de haber tocado algo "mullidito" debajo de su camisa aquella vez, me daba escalofríos. ¿Tendría un tapadito en el pecho??

- Ay, nooooo, mi amooor!! -me dijo Nico, mi amigo gay, horrorizado cuando le comenté lo que sospechaba- ¿vos no le explicaste a este chico que el pelo de mono no se usa desde los 80? -agregó imitando a Moria.

- Jajajajajajaja!!! Ya sé, boludo, por eso te digo. Mirá si salimos otra vez, pasamos a segunda o tercera base y de repente… -hice una pausa para generar suspenso- Abajo de la remera tiene un hermoso pullover!

- Bueno, pero a ver. Mostrame una foto -dijo él con su tono de practicidad habitual- Porque, de última, lo obligas a depilarse y listo!! Se hace una definitiva y se acabó el problema!!

- Jajajajajaja! Claro, claro -le dije yo imaginando la situación- llegamos a tercera base, y ahí corto la bocha y le digo ‘Ahhh, no, no… con este pullover no puedo, anda a depilarte y hablamos…‘ ¿no?

- Ay, tesoro, no te hagas la fina… Que somos pocas y nos conocemos mucho -dijo mi amigo con tono teatral, y agregó- y las dos SABEMOS BIENNNNN que NO comiste caviar toda la vida!!

- Jajajajajajajaja!!! Ya lo sé!!! Y no es por hacerme la fina… Menos ahora que viene el invierno y las vacas están flacas… -dije en tono de confidencia- pero… Me da cosita… Qué se yo… Porque si viene con pullover arriba… ¿Sabés lo que debe tener ahí abajo??

Y ambos estallamos en una carcajada.

La cuestión es que, después de darle muchas vueltas al asunto, un par de días más tarde, arreglé para salir con el muchacho en cuestión. No sé si fue la escasez con la que venía o qué, pero cuando finalmente nos volvimos a ver la cara, me pareció que era más buen mozo de lo que recordaba.

Fuimos a cenar a la cantina de Palermo, tomamos un par de birras y una botella de vino. La charla fue más que amena. Charly definitivamente era muy divertido. Llegó el momento de pedir la cuenta, yo insistí en pagar la mitad (me gusta que se ofrezcan a pagar porque me da “caballero”, pero odio que me paguen porque me hace sentir medio gato… Sí, a las minas no nos entiende nadie!), así que él insistió en invitarme un café… En su casa… 

Por intriga, calentura, los efectos del alcohol o todas las anteriores, le dije que sí. Cuando llegamos a su departamento admito que me sorprendió un poco el orden y la limpieza. Todo estaba pulcramente ordenado. Tenía una colección de vinilos impresionante, ordenados por abecedario, por nombre de artista y fecha de edición de cada disco. Más de 2000 ejemplares, algunos incluso primeras ediciones.

- Woow!!! -exclamé- no sabía que te gustaban los discos… -agregué pasando mi dedo por la estantería.

- Hay muchas cosas que no sabes de mí… -dijo con aire misterioso, y agregó- ¿le pones leche a tu café? ¿Azúcar?

- ¿Eh? -balbuceé confundida, mientras se me venía a la cabeza la imagen de un pecho todo peludo.

- ¿Qué si querés tu café con leche y/o azúcar? -repitió él.

- Ah… Sí, no! Sí, un poco de leche, sin azúcar, por favor -respondí.

Tomamos el café y escuchamos un par de discos, hasta que sonó un tema de Phil Collins que me copa, y él me extendió la mano en signo de invitación a bailar… Me reí, por lo cursi de la situación y, con un ademán de doncella, accedí a bailar.

 

Por un instante me volví a sentir esa chiquita de 11 años que se había filtrado en el "asalto" de sus amigas "más grandes" (de 12 o 13 años) y bailaba un lento por primera vez… Sólo que esta vez, en lugar de un chiquito de 14 que todavía no cambiaba la voz ni pegaba "el estirón", mi pareja de baile era un hombre, un poco más alto que yo, de hombros fuertes, y brazos bien torneados… Y no dudó en darme un beso.

Me dejé llevar por la situación. La música me envolvía, la voz de Phil Collins llenaba el aire y el café que nunca terminé de tomar, jamás opacó los efectos de las 3 birras y el tubo de vino que nos tomamos durante la cena…

Y… Aunque todo era muy lindo, la realidad nunca es perfecta… Así que, para quienes se preguntan si el muchacho era un osito… La respuesta es no… Aún peor! Era una especie de cactus gigante, que me raspó tanto que me dejó irritada la piel…

La moraleja es: No se afeiten chicos (y chicas)! Si no se animan a la depilación con cera, háganse la definitiva!! El peludo pasó de moda hace rato, y el cactus NO GARPA!!

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