El Forro y la Boluda - Cap. 57 - Vestite y andate

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Dicen que del amor al odio hay un sólo paso…

Todo venía demasiado bien, hablábamos y nos estábamos viendo con cierta regularidad. Admito que en mi estúpida fantasía, llegué a pensar en la posibilidad de tener algún tipo de relación más o menos “seria”… Pero, como dice el dicho, no hay que esperar peras del olmo…

-Hoy tuve un muy buen día, y tengo ganas de celebrar… Querés venir a jugar? -le escribí a Andrés alrededor de las 7pm, después de un día muy productivo en el laburo, donde había cerrado un contrato con un cliente que hacía meses venía persiguiendo.

-Mmm… Estoy medio complicado ahora. – contestó él.

‘SOS COMPLICADO’ pensé, al tiempo que le respodía:- Podés pasar más tarde… No te puse ningún horario…

-Bueno, te confirmo en un rato.

‘¿Te confirmo en un rato???… ¿quién te pensas que sos?? ¿La reina de Holanda, nene??’ dije para mis adentros, pero me limité a enviar un “OK” como respuesta.

Decidida a que su mal humor no iba a arruinar el mío, fui a correr por el parque. Volví una hora más tarde, cansada, pero con la cabeza despejada. Me sentía tan llena de vida, tan bien! Me dí una ducha y bajé al chino a comprar algo para comer y, ya que estaba ahí, un vinito. Volví a casa, puse música, cociné para esa noche y para el resto de la semana. Me estaba por sentar a cenar cuando ví el mensaje de Andres:

Estoy en camino, llevo algo?- enviado hacía 18 minutos…

‘Concha de la vieja, ¿AHORA va a venir????’ pensé, que le había dado una seca a unas flores y estaba re-loca, en bombacha y remera.

Qué? Vas a venir ahora? -le contesté- estoy por cenar… Te pongo una milanesa?

–  :) niii -me respondió, y me derretí.

OK, en cuánto llegas? así calculo el tiempo para la comida? -pregunté, pero él nunca me contestó…

Media hora más tarde tocaban el timbre. Por supuesto era Andrés. Las milanesas estaban quemadas y yo ya me había bajado más de medio tubo de vino.

- Hola… -me dijo en cuanto bajé a abrirle, al tiempo que me tomaba por la cintura y me daba un beso en los labios- mmmmh… ¿Ya estuviste tomando? -agregó con cierto desapruebo en la voz.

Te estaba esperando, pero tardaste mucho… Tuve que empezar sin vos… -dije yo, entre divertida por su insolencia y fastidiada- ah, y las milanesas están quemadas! -finalicé.

- Mal Paulita, mal… ¿Cómo pensás ser mi esclava si ni siquiera podés cocinar?? -replicó él arqueando una ceja.

- ¿ESCLAVA?? Jajajajajaja! -respondí asombrada por su ocurrencia- Me imagino que estás al tanto que la esclavitud se abolió en 1813… -agregué, dando por sentado que mi interlocutor tenia un mínimo conocimiento de la historia de nuestro país y/o de cultura general.

- Se, se… -se limitó a contestar con desinterés.

En cuanto entramos a mi departamento, me dí cuenta que su mala onda había invadido el aire. Respiré hondo y, una vez más, me propuse que su mierda no me iba a salpicar. Peeeero… En general, el que busca… ENCUENTRA. Y él me encontró.

- ¿Y ese cuadro de mierda? -preguntó después de aclararme que mis milanesas eran incomibles, al tiempo que señalaba un poster que me había regalado la directora de la revista Inrockuptibles, y yo había mandado a encuadrar- ¿desde cuándo tenés ese mal gusto?

Poster

- Mmmmh… Dejame pensar… -dije yo ya hinchada la bolas- a ver… -continué fingiendo hacer memoria- ah! Sí!!! Desde que te conocí a vos, más o menos! -repliqué con mi mejor cara de orto.

- Jajajajajaja! Bueno, por fin en algo estamos de acuerdo… -contestó con sarcasmo.

Pero yo había decidido no pelear, así que me limité a fingir que no había entendido que él se refería a que, indirectamente, yo había admitido tener mal gusto, y llevé los platos a la cocina. Yo estaba sentada en la mesada, fumando un cigarrillo cuando él entró.

- Es de muy mala educación dejar solos a tus invitados, Paulita… -me dijo.

- ¿Ah, sí?? -contesté yo mirándolo de arriba a abajo, al tiempo que arqueaba una ceja- Y… Decime… Ya que sos taaaaan educado, ¿qué pensas de los pelotudos que dan sus opiniones cuando nadie les preguntó nada? -concluí, notablemente irritada, largando una bocanada de humo.

- Opino que te voy  tener que diciplinar… -dijo acercándose a mí, y atrayendo mi cuerpo al suyo, apoyando su sexo notablemente erecto en el mío.

No pude disimular la excitación. Andrés tenía un efecto increíble en mí. La sola cercanía de piel hacía contraer a mi músculo pirineo. Y cuando él se acercó así, no pude más que dejarme llevar.

Para resumir, voy a decir que, lo que empezó en la cocina, continuó contra una pared del living y finalizó en la habitación. No hubo dulzura. No hubo amor. Fue un sexo descarnado y brutal, que nos dejó exhaustos a ambos, respirando con dificultad a causa de la agitación.

Cuando hubimos terminado, me puse una remera y fui a la cocina por un vaso de agua. Andrés me siguió.

- ¿Tendrás un té para mí? -preguntó, apoyado en el marco de la puerta.

- ¿Creería que sí… A ver? -dije al tiempo que buscaba en la alacena- tengo té verde, o éste otro que compré en el barrio chino -dije sacando una cajita de té que había comprado unas semanas atrás más por la caja que por el té, y decía “LOVE”- es re-aromático, muy rico…

- ¿Ah… Pero vos sos boluda en serio, eh?? -dijo él de la nada, con un sarcasmo elevado incluso para él- ¿compraste un té de $50, porque la caja dice “LOVE”??

Y… Aunque él tenía razón, (probablemente PORQUE tenía razón…) exploté.

- Vestite y andate -le dije secamente- en serio Andrés. Vestite y andate, por favor…

- ¿Duele la verdad, eh? -me dijo al tiempo que se encogía de brazos y revoleaba los ojos para arriba- Duele…

- ANDATE! -repetí elevando el tono de voz.

- ¿No me vas a convidar un té? -replicó él con tono inocente pero irónico.

- Andrés, me estás sacando… Si no querés que te revolee el agua hirviendo, VESTITE Y ANDATE… -le advertí.

Él se limitó a mirarme con gesto de disgusto y, meneando la cabeza, giró sobre sus talones y desapareció de mi vista.

Lo esperé con la puerta abierta.

- Abajo te abre el portero… -le dije con sequedad, y detrás de él, cerré la puerta y me largué a llorar…

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