El Forro y la Boluda - Cap. 56 - "Amiga"

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Las cosas con Peter siguieron su curso. Nos veíamos seguido, y el esquema era siempre más o menos igual: Yo iba a su casa (regularmente un lunes o martes), comprábamos unas birras/un vinito, picábamos algo, hablábamos durante horas, nos íbamos a dormir… Tanto es así, que hasta llegué a tener un cepillo de dientes en su departamento!!

Habíamos llegado al punto de hablar de nuestras andanzas. Yo sabía que él estaba con otras minas, él estaba al tanto de que yo me estaba viendo con el pelotudo de Andrés (ver: Luna de Miel) y hasta de alguna que otra cita de Tinder (de hecho él también estaba en Tinder y nos “matcheamos” una vez!), pero siempre, se hablaba de esos temas como si se tratase de cosas que nos sucedieron en otra vida. O al menos yo lo sentía así…

Era un martes de septiembre, los días empezaban a alargarse, y el clima invitaba a salir, así que estaba a punto de sugerirle a Peter que, si estaba libre, podríamos ir a algún lado, cuando me entró un mensaje suyo:

-Ey Pau, hoy venís, no? Acaba de llegar Agustina, una amiga de Uruguay, que quiero que conozcas! Sé que se van a caer muy bien!!

Admito que me resultó un poco raro pensar en incorporar a terceros en “NUESTROS” encuentros, pero… ¿Qué tan malo podía ser??

-Si, genial! Calculo estaré por ahí tipo 7, esta bien? Llevo algo?

-No, no, tranca, ya compramos provisiones! 

¿Compramos?? Pensé… ¿O sea que “ELLA” ya está AHÍ?? No tengo idea porqué me molestó tanto… O bueno, sí… El hecho de pensar en que él pudiera tener otra “Amiga” me molestó… Ay, Dios! Paula!!! No podés ser tan infantil!!! Parecés una chiquita de segundo grado, celosa de que su amiga tenga otra amiga…  Me reprendí a mí misma y, meneando la cabeza al tiempo que alzaba una mano en gesto de “BASTA”, respiré hondo, y traté de pensar en otra cosa.

El día transcurrió bastante rápido, así que, para cuando me quise acordar, ya casi era la hora del encuentro.

-Sorry, voy un poco atrasada, querés que compre algo en el camino? -le escribí en cuanto salí de la oficina.

No, no. No hace falta nada, te esperamos -respondió él 17 minutos más tarde…

´Bueh, menos mal, nene, porque ya casi estoy en tu casa, la concha de la vieja’ pensé.

- OK, genial, ya estoy llegando! Te veo en 5′ -respondí.

Un rato después estaba tocando el timbre de su casa. Él bajó a abrirme, se lo veía contento, vestía un jogging gris y una remera bordó. ‘Raro…’ pensé, (acostumbrada a verlo siempre de negro) pero continué caminando hacia el ascensor detrás de él.

Una vez que hubimos llegado, él nos presentó como “Pau” y “Agustina”. La mina resultó ser una divina. Había llegado esa mañana y se pensaba quedar 4 ó 5 días en Buenos Aires.

Como de costumbre nos colgamos hablando, así que terminamos pidiendo empanadas. Todo venía bien, hasta que el alcohol empezó a hacer efecto…

Y acá quiero hacer un paréntesis, porque hay gente y gente, ¿no? Gente que se mama y no te das ni cuenta, gente que mamarrachea, gente que se pone violenta, y gente que… Gente que se pone CACHONDA…

La cosa es que, charla va, charla viene, y no sé cómo llegamos a la contractura de mi cuello.

Vivo contracturada -dije yo- a tal punto que ya es un estado normal para mí. Ya ni el diclofenac me hace efecto…

- ¿Querés que te haga un masaje? -ofreció Agustina.

- No, no, todo bien, gracias -respondí yo, que soy un poco fóbica al contacto físico.

- A mí me vendría bien un masaje… -intervino Peter- la espalda me está matando -agregó, llevándose una mano a su zona cervical.

Agustina se posicionó detrás suyo, tan cerca, que su sexo rozaba la espalda de Peter, y comenzó a masajear su cuello. Minutos más tarde, mientras seguíamos intentando mantener una conversación, ella le indicó que se sacara la remera. Sus manos se movían despacio, ejerciendo presión sobre la blanca piel de Peter, que comenzaba a ponerse roja por la fricción. Yo estaba haciendo un gran esfuerzo por pensar que todo eso era normal, hasta que tuve que levantarme para ir al baño y refrescarme. Tenía la mente nublada, y mis pensamientos oscilaban entre ¿Qué mierda estoy haciendo acá? No pasa nada, son amigos… YO soy su amiga… SÓLO somos AMIGOS…

Pero cuál fue mi sorpresa cuando regresé y ví que ella lo estaba besando, recorriendo su cuello con la lengua, deslizando sus manos por el pecho desnudo de… Mi “AMIGO”…

- Ejem… -aclaré mi garganta en forma audible a propósito para que frenaran- bueno, creo que es hora de irme…

Pero no obtuve respuesta.

- Emmmm… Perdón, no quiero interrumpir, pero… Me tendrían que bajar a abrir -agregué ya bastante fastidiada.

- ¿Cómo? ¿Te vas a ir? -dijo Agustina con tono de sorpresa en su voz.

Creo que no pude disimular mi cara de orto.

- Sí… -dije tratando en vano de controlar mi timbre de voz- es que mañana tengo un día largo… ¿Me abrís, por favor? -dije mirando directamente a los ojos a Peter, que parecía estar totalmente ajeno a la situación- o no, mejor… ¿Sabés qué? No te hagas problema, seguro hay alguien abajo. -agregué ya absolutamente fastidiada, al tiempo que agarraba mi cartera y me ponía lo zapatos- un gusto conocerte Agus, -dije ENFATIZANDO el “AGUS”- espero nos veamos otra vez.- y tras ese comentario cerré la puerta detrás de mí, y caminé, una vez más sin mirar atrás, y jurándome a mí misma que JAMÁS lo iba a volver a ver…

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