El Forro y la Boluda - Cap. 55 - El primer beso

Anterior: La tercera es la vencida

Todos los Capítulos del Forro y la Boluda, acá!

 

Mi primer-primer beso fue hace muuuuucho tiempo. Yo tenía trece o catorce años, nos habíamos hecho la rata de la escuela y estábamos escondidos en la casa de una de mis (por aquellos años) mejores amigas, mirando “El Rey León”, cuando de repente Pablo, que pasaría a la historia como “el chico de mi primer beso”, me agarró desprevenida, y me metió la lengua en la boca!!! Recuerdo el HORROR de ese momento! Yo no tenía idea qué estaba haciendo, y me limité a imitar lo que estaba haciendo él, con la torpeza de dos bocas que no se conocen, y algún que otro choque de dientes, que entre risas nerviosas y saliva, nos recuerdan que estamos algo así como “invadiendo” un espacio personal…

 

Mi primer beso con David fue tierno. Estábamos en el patio de su casa, era Noviembre, pero la noche estaba un poco fresca. Después de dejar el bar, me invitó a bajar en su casa por un último trago. Yo acepté, nerviosa, y asumo que no debo haber dejado de hablar en ningún momento. Tomamos una cerveza, y ví que tenía una amplia colección de revistas de National Geographic.

- Wow… Yo las coleccionaba cuando era chica… -dije pasando mi dedo por la estantería- Es más, soñaba con ser foto-periodista y trabajar con ellos! -agregué más bien pensando en voz alta.

- ¿En serio? -dijo él aproximándose- qué loco… Yo también quería ser periodista… Otra cosa más que tenemos en común, parece… -y a continuación agregó- ¿En qué año y mes naciste? ¿A ver cuál fue tu tapa?

Resultó que la tapa de mi mes de nacimiento tenía un Oso Panda, irónicamente el mismo animal que elegí cuando nos hicieron el test psicológico de "¿Si no fueras un ser humano, qué serías?" en el colegio secundario.

Compartimos un par de anécdotas y nos reímos mucho de viejas historias. Comparando nuestros sueños de chicos, con la realidad de las decisiones que finalmente tomamos y nos llevaron donde estábamos en ese entonces. Los paralelismos eran asombrosos. Realmente teníamos tantas cosas en común!

Las horas volaron, y cuando quise acordarme ya eran casi las 5 AM.

- Bueno, supongo que es hora de ir a dormir! -dije yo mirando el reloj, y pensando que habíamos estado toda la noche juntos sin habernos dado un beso.

- Ufff… Se hizo tarde! -comentó él con cierta desilusión en la voz, y agregó- ¿compartimos el último cigarrillo?

- Claro! -dije yo sonriendo, ya que ‘me fumo el puchito y voy‘ es una de mis frases de cabecera.

Así fue como llegamos a su jardín. Recuerdo que hacía frío, pero por algún motivo los dos manteníamos distancia. Yo estaba nerviosa, y no paraba de hablar. Hasta que de repente David me cerró la boca de un beso. Sus labios eran mucho más suaves de lo que yo imaginaba y su lengua, tibia y decidida recorrió mi boca con habilidad y ternura.

Mis piernas fallaron, y él me tomó por la cintura, y sostuvo mi cuerpo, tan apretado al suyo que pude sentir la aceleración de su pulso y la agitación en su respiración.

- Dios… Tenía tantas ganas de hacer esto… -susurró, entre un beso y otro, con su frente apoyada en la mía y sus manos rodeando mi cara.

- Yo también…- confesé con timidez.

Y sin mayor protocolo que ese, me tomó de la mano y fuimos a su habitación…

Omitiendo los detalles de color, puedo decir que a pesar del nerviosismo que siempre acompaña cada “primera vez”, todo fue maravilloso. Nuestros cuerpos parecieron reconocerse de inmediato, moviéndose en una sincronicidad asombrosa, como dos dos viejos amantes, como los dedos de un pianista reconocen las teclas aún sin ver… Y fue más que sexo, fue una unión total, fue una necesidad de amalgamar nuestros cuerpos, de fundirnos en uno, hasta caer rendidos a la luz de un amanecer que se filtraba tímidamente entre la persiana… Y así, con mi cabeza en su pecho y sus manos aún recorriendo mis muslos y mi espalda, nos quedamos profundamente dormidos.

Agrega tu Comentario
 
 
Contactate con RonnieArias.com © 2014 Ronnie Arias. Todos los derechos reservados.