El Forro y la Boluda - Cap. 54 - La tercera es la vencida

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Dicen que la tercera es la vencida… Y aunque no soy de las que creen mucho en que hay que "hacerse rogar", con David las cosas se dieron así naturalmente.

Desde nuestra cita en el parque, en adelante, los mensajes de texto se hicieron cada vez más frecuentes, y de algún modo, nunca sentí ese estúpido miedo a "escribir primero" o contestar "demasiado rápido". Todo se dio con total naturalidad, sin enrosques, sin planteos pelotudos, sin complicados mensajes subliminales ocultos entre líneas…

Y a pesar de que hablábamos todos los días, nuestras agendas venían cruzadas. Entre sus viajes de trabajo y mis eventos, que siempre terminan tarde, no encontrábamos un día para vernos.

Pasaron semanas hasta que finalmente los dos coincidimos un fin de semana en la misma ciudad, y sin insorteables eventos sociales.

Este viernes voy a tocar en el bar de un amigo, querés venir? -me preguntó él.

Me encataría -contesté yo de inmediato y, acto seguido, me acordé que tenía un evento, así que agregué- como a qué hora? Tengo un evento… Pero puedo ir ni bien termina!

Uh, bueno, esto sería medio temprano, pero seguro que voy a seguir ahí, así que de última podemos tomar algo, te parece?

Y por algún motivo, la simplicidad (y no sé por qué me dio la sensación de que había cierta timidez en sus palabras…) de su respuesta, me enterneció, así que le dije que haría todo lo posible por estar ahí.

Finalmente llegó el día del evento. Yo no había conseguido ninguna chaperona que me acompañe a la cita, así que desde que me levanté estuve con un nudo en el estómago. Parada frente al espejo, recuerdo haberme cambiado unas diecisiete veces. ‘Nah… Nah… Ay, dios!! Estoy hecha un lechón!!! Paula, se te está cayendo el culo, hija!!! Dios, tengo que empezar el gimnasio… Nah… mucho escote y no hay con qué rellenarlo… Nope… Mmmm… Esto me gusta, pero… ¿Con qué zapatos?? Mmeeeeh…’ pensaba mientras descartaba uno tras otro outfit, para terminar (para variar) con un clásico y sobrio vestidito negro!

Cuando llegué al lugar David todavía estaba tocando. La consola estaba casi al lado de la entrada, así que fue fácil identificarlo. Sentí un nudo gigante en el estómago. De repente me dí cuenta que estaba paralizada. Respiré hondo y, con paso firme, atravesé la puerta con la idea de ir directo a la barra y pedirme un Negroni como para juntar coraje y acercarme a saludar, pero el contacto visual cuando pasé por la puerta fue inevitable. Le sonreí tímidamente y en forma deliberada decidí ignorar sus señas de que me acercara a la consola, indicándole que iba a la barra.

Ese trago va por mi cuenta- dijo una voz a mis espaldas- y una cerveza, por favor.

Pude sentir su perfume antes de darme vuelta. Era David, en vivo y en directo, parado justo detrás mío. Se me cortó la respiración. La proximidad de su cuerpo me dejó sin aire. No tengo idea cuál fue mi respuesta… Probablemente balbuceé algo así como “Gracias”. Sólo recuerdo que me tomó por la cintura y me dio un beso (en la mejilla), al tiempo que me decía que le alegraba verme. Yo estaba ahí, literalmente, tarada, sin reacción. Sólo podía contemplar su sonrisa, y pensar cómo sería besar esos labios…

Me acompañó a una mesa donde había un grupo como de diez personas, y me introdujo como “Pau”… Aparentemente eran sus amigos, todos varones, y para ese entonces ya entrados en copas, lo cual amortiguó un poco el impacto que me produjo que me presentara a sus amigos esa misma noche.

David tocó por media hora más luego de que yo llegara. Cuando finalmente dejó la consola se aproximó a la mesa y preguntó si alguien quería algo de la barra. Yo omití una respuesta, pero al ver mi vaso casi vacío preguntó:

- ¿Pau? ¿Qué tomás?

- Eeehhh, no, no, eh, estoy bien -respondí con dificultad.

Minutos más tarde volvía con una cerveza y un Negroni, que posicionó justo delante de mí.

- Gracias…-casi susurré, y sentí cómo mis mejillas se encendían.

El resto de la noche fue muy divertida. Más gente se unió al grupo y llegué a sentirme bastante cómoda… Hasta que una de las minitas que llegó más tarde (y por algún motivo decidió sentarse al lado mío) me dijo:

- ¿Y ustedes hace cuánto están juntos?

- ¿Eh?? -contesté yo realmente confundida- ¿yo? ¿quién? -agregué mirando a mi alrededor.

- Vos y él! -contestó ella señalando a David que, aunque sentado en la otra punta de la mesa, me estaba mirando- Dios, se nota que están tan enamorados!

Me quedé muda. Creo haberle sonreído y haber tratado de cambiar de tema, pero ese comentario quedó haciendo eco en mi cabeza por el resto de la noche… ¿Por qué me dijo eso? ¿Qué vio ella que yo me perdí? ¿Acaso mi cara de boluda enamorada era tan obvia??? Mil preguntas invadieron mi mente.

Pronto la música se terminó. Era hora de ir a dormir o emigrar hacia otro lugar. Yo estaba cansada, ya medio en pedo, y todavía aturdida por el comentario, así que anuncié que me iba a casa.

- Si me esperás podemos compartir un taxi -me dijo David- Total, vamos para el mismo lado… -agregó llevándose una mano a la nuca en gesto vergonzoso.

- Sí, claro… -dije yo algo confundida, ya que supuse que él se iba a ir con sus amigos, y agradeciendo para mis adentros haberme depilado unos días atrás…

(Continuará…)

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