El Forro y la Boluda - Cap. 53 - Luna de Miel

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Como toda historia de (DES)amor, por cada día bueno, tuvimos uno malo, por cada pelea, una etapa de enojo, y luego una de reconciliación…

Y aunque yo me considero bastante sana, dicen los expertos (entre ellos mi analista), que en toda relación (tóxica) se necesitan dos… Con lo cual, supongo que tengo una gran cuota de responsabilidad en toda esta historia…

Pero bueno, obvio que SIEMPRE es más fácil reconocer la mierda ajena que la propia… Como dice el dicho: “Errar es Humano. Perdonar es Divino. Pero echarle la culpa a otro es más humano todavía”, y en este caso, aún cuando confieso, me divertía sobremanera irritar a Andrés, creo que mi mayor error en esta historia fue creer que algún día las cosas cambiarían…

Y mientras escribo estas líneas todavía resuenan en mi cabeza las palabras de mi analista, quien, todas y cada una de las veces que escuchó esta historia, me volvía a preguntar si yo todavía pensaba seguir esperando peras del olmo… Y yo, testaruda, boluda y negadora, seguía insistiendo en que “esta vez las cosas van a ser diferentes, porque lo siento así…” (Y aquí, permítanse revolear los ojos para arriba si alguna vez dijeron, o escucharon a una amiga decir una pelotudez semejante!!!)

La cosa es que, después de ese hermoso y amoroso reencuentro, donde el susodicho se durmió abrazado a mi cintura, oliendo profundamente mi pelo y pegándose aún más a mí, como si tuviera miedo de que yo me fuera a ir (o eso fue lo que, en ese momento, quise interpretar…), vino una etapa de paz, a la que podríamos llamar de “Luna de Miel”

Empezamos a intercambiar mensajes, cada vez más seguido. Las conversaciones eran dulces, y aunque a veces se podían poner un poco “calientes” manteníamos un tono amoroso y de respeto mutuo. Nos empezamos a ver con alguna regularidad y, en general, cuando esto sucedía, terminábamos pasando la noche juntos, teniendo maravilloso sexo, y durmiéndonos abrazados.

Peeeeero… Todo tiene un final. Y esta etapa de paz, pronto llegó a su fin…

La “Mala Racha”, como yo la llamaba, empezó una tarde en que nos encontramos y fuimos a su casa. Cuando llegamos, había cuatro o cinco flacos en el jardín. Eran uno de sus hermanos, y algunos amigos.

Un poco sorprendida por la comitiva de bienvenida, me bajé del auto intentando disimular mi incomodidad. Uno de los flacos se acercó a saludar, y Andrés lo presentó como su hermano.

Hola, un gusto -dije yo mientras lo saludaba con un beso- yo soy Pau… -agregué recorriendo con la mirada al resto y acercándome a saludar a cada uno.

Andrés siguió de largo, sin reparar en nadie, y me esperó a metros de la puerta.

- No sabía que todos estos giles iban a estar esperando acá… -dijo con un tono que, a esa altura, yo todavía no conocía, pero intuí que pronto algo iba a estallar.

- Pero… Es tu casa… -dije yo intentando entender lo que él acababa de decir- ¿cómo que no sabías que iban a estar acá?

- Pensé que para cuando llegáramos ya se habrían ido, pero el gordo pelotudo no encontró las llaves de su auto…

- Bueno, no es tan grave… -acoté, sin entender qué era lo que tanto le había molestado.

Agarramos unas latas de cerveza y fuimos directo a su habitación, que, aun sin contar el balcón terraza, creo que era más grande que todo mi departamentito.

Esa tarde, aunque el sexo había sido maravilloso, hubo algo que me perturbó. Pero no podía identificar qué…

Llegó la noche y él se quedó hasta tarde mirando televisión. Yo me dormí temprano, pero seguía teniendo esa extraña sensación…

A la mañana siguiente, cuando sonó mi despertador, él me abrazó y me atrajo hacia sí impidiéndome que me levantara.

- Quedate un ratito más… Yo te llevo al trabajo… -dijo él besándome. Y por supuesto que me convenció!

Una vez que nos levantamos él preparó dos tazas de café y salimos. En el camino volvió a tener aquella actitud sombría de la tarde anterior, y cuando me bajé me dijo:

-Sos demasiado sociable vos… -al tiempo que atraía mi cara hacia la suya y me daba un beso en los labios.

Yo todavía estaba dormida, y relajada post-garche, así que lo tomé como un cumplido, le sonreí, y tras darle un segundo beso, le dije que tenga un buen día y me fui.

Pero la tormenta esperaba ahí, al asecho, acobachada en un rincón, esperando el momento oportuno para descargar su furia… Y obvio que ese momento estaba pronto a llegar!

 

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