El Forro y la Boluda - Cap. 46 - La curiosidad mató al gato

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De culo inquieto por naturaleza, recuerdo revolear los ojos para arriba en gesto de incredulidad hacia la veracidad y uso práctico de ese dicho, cada vez que mi abuela me decía: “La curiosidad mató al gato, nena…” Pero parece que es cierto eso que dicen de que El diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo…

Después de aquella charla en el piso de mi departamento con el DJ Alemán, no podía sacarme de la cabeza la sensación de calor que me generó la cercanía de su piel. Cada vez que recordaba ese momento, sentía como un nudo en la boca del estómago que se expandía por todo mi cuerpo en forma de escalofrío y terminaba en mejillas enrojecidas. No podía parar de pensar en el extranjero.

Y como soy de las personas que consideran que los gustos hay que dárselos en vida, un día simplemente lo llamé.

- Hola! -me respondió él con sorpresa, pero alegría en el tono de voz- ¿Me creerías si te digo que estaba pensando en vos?

- Jajajaja! Absolutamente -contesté yo- por eso te estoy llamando…- agregué, preguntándome ¿en qué habría estado pensando él?

Hablamos un rato, y quedamos en volver a conversar más tarde para ver si coordinábamos para vernos.

Fue así como un rato después, me bajaba de un taxi afuera de su departamento. Esa noche jugaba Boca, así que habíamos quedado en comer una picadita, y mirar el partido.

A pesar de la electricidad que me generaba su cercanía, había algo en su compañía que me hipnotizaba, me sedaba.

El partido terminó 3 a 2, así que decidimos celebrar el triunfo con una botella de Nicasia Malbec. Charlamos durante horas, sentados en su sillón, claramente mucho más cerca de lo necesario. Y no pude evitar el impulso de besarlo…

Sus labios eran dulces y carnosos. Su lengua recorrió mi boca con avidez, y pronto sus manos estaban en mi pelo, en mi espalda, bajando hacia mis muslos. Mi cuerpo reaccionó de inmediato al contacto con su piel, mi espalda se contorneó, y mi sexo se vio inevitablemente impulsado hacia adelante. La descarga de adrenalina fue tan brutal que hasta podría jurar que estuve cerca de llegar al climax en el preciso instante que sus manos llegaron a mis pechos.

Con la respiración alterada y balbuceando como pude, me aparté de su lado y dije:

- Pará… No, no… Pará… -insistí en contra de mi propia voluntad, intentando apartarme de él, que me miraba con ojos turbios y desconcertados- ¿tenés un forro?

- ¿eh?-replicó él, que claramente no entendió que mierda le estaba diciendo yo en español.

- if you have a condom…(NDR: Si tenés un forro)- le dije yo, haciéndome a un lado, mientras trataba de recobrar el aliento.

- Ah… Uhmm… Yeah… -balbuceó él, claramente tratando de hacer memoria- I guess I have some…(NDR: Supongo, tengo alguno...)

Y su respuesta me freakeo!

- ¿I guess??? (NDR: ¿Supongo?)-repliqué en un tono bastante más elevado del que hubiera querido usar- I’m afraid ‘I guess’ it’s not good enough…(NDR: El supongo no alcanza) -agregué tratando de sonar un poco más conciliadora esta vez, aunque, en mi interior, supe que la llama ya se había apagado…

Para hacerla corta, él se levantó y se dirigió a otra habitación. Desde el sillón, pude escuchar cajones y puertas abriendo y cerrándose, pasos nerviosos, luego silencio. El extranjero volvió a los pocos minutos con aire desencantado.

- ¿I can go and buy some…?(NDR:¿Puedo ir a comprar?) Comentó más que preguntar.

Pero para ese momento, la magia ya se había terminado, así que, con toda la tranquilidad que pude, me encogí de hombros, sonreí (claramente SIN GANAS), y le dije que no, que ya no importaba…

Los minutos que siguieron fueron bastante incómodos pero, cigarrillo mediante, junté el coraje para hacer un chiste sobre la situación, y salir airosa.

- Bueno, por lo menos no nos vamos a tener que preocupar de cómo deshacernos discretamente del otro… -comenté con un guiño, y agregué- porque seguramente ninguno de los dos puede convertirse en pizza, ¿no?

El extranjero se rió e, inclinándose hacia atrás en el sillón, comentó:

- No, aunque me hubiera gustado morderte un poco…

- Mi taxi está abajo… -exclamé con cierta sensación de alivio- así que supongo que tendremos que dejar la degustación para otro momento… -agregué mientras me acercaba a despedirlo, y no sé por qué, susurré- u otros comensales…

Y así me fui. Con una extraña mezcla de sentimientos y sensaciones, como si por una parte me sintiera aliviada, pero emputecida a la vez; como cuando sabés que probablemente fue lo mejor que pudo pasar, pero te vas a quedar con la espina de no saber como te hubieras sentido, cómo habría sido…

Esa noche, cuando llegué a casa, tenía un mensaje de él:

-Gracias por tomarte las cosas con madurez… Espero hayas llegado bien. Hablemos pronto.

¿Madurez??? pensé. La verdad es que lo mínimo que te deseé es que te agarres los dedos con una puerta, pero tengo mi orgullo… No te lo iba a demostrar! Ahora, ¿cómo mierda puede ser que un tipo grande, en un país extranjero y estando bueno y soltero, no tenga un forro en la casa??? Yo no lo puedo creer… Pedazo de bolu… Pero en ese momento algo interrumpió mis pensamientos… ¿Y si no esta separado?? ¿Y si la loca sigue siendo su mujer y un día aparece acá? AY, Dios… qué miedo… Sì, DEFINITIVAMENTE ESTO fue lo MEJOR que pudo pasar…

- No worries! – tipeé yo rápido, mientras me terminaba de lavar los dientes, pero la pregunta previa seguía resonando en mi cabeza… ¿Y si no está separado?? 

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