Los cuatro grandes miedos que tenemos en la vida (y cómo vencerlos)

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Pará la moto. No corras más. ¿De qué te estás escapando? ¿Qué te da terror? Claro. Por eso no te mirás. Por eso, te evadís. Por miedo. Mirarte sería recordar que no sos tan guapo ni tan valiente ni tan corajudo. Mirarte sería reconocer que estás cagado en las patas, solo, sufriendo, penando, recontra alejado de quien sos verdaderamente. Como creo que al miedo hay que darle batalla y hay que tirarse a él de cabeza, acá te paso una lista de cuatro miedos que todos tenemos, en mayor o en menor medida. Cuatro miedos comunes, bastante poco originales, que seguramente no te dejan vivir como corresponde.

 

1. MIEDO A LA SOLEDAD

Hay dos opciones que se pueden considerar: La primera es que el ego trabaja en hacerte creer que realmente estás solo, que estás unido a los demás, con el fin de sentirte protagonista de la vida y encontrar el reconocimiento, en todos los niveles que te imagines, en la familia, en la pareja, en el grupo de amistades, en el trabajo y en la sociedad. La segunda opción es que tenés que recordar que sos parte de una Totalidad. Cuando le das fuerza a esa luz interior, comenzás a mirar con los ojos de tu corazón y empezás a ser consciente de que siempre tenés compañía. Es la compañía con vos mismo. Si te conectás con vos vas a llegar a comprender que la soledad es una maravillosa oportunidad de la vida para compartir contigo mismo; y justamente, en este momento, van a aparecer aquellas personas que vibrarán con tu misma sintonía e intensidad.

 

2. MIEDO A LA ESCASEZ

Superar el miedo a estar pobre, sin dinero o sin oportunidades para ser cada vez más abundante, requiere de un trabajo inerior. Tenés que darte la oportunidad para considerar que tus emociones sientan ese “deseo de merecer lo mejor para tu vida”. El sentimiento de víctima, es una señal de que el fantasma del miedo esta invadiéndote. Hay una palabra de siete letras que, cuando la repetís, empieza a dar claridad al estado de abundancia que hoy tenés. Esta palabra es “GRACIAS”. Cuando agradecés por todo cuanto tenés en este momento y por lo que te va a llegar, comenzás a ser perceptible de todas las cosas que se te ofrece cada día. Gracias por abrir los ojos este día de hoy, por poder respirar un día más. Gracias por la cama donde duermo, por las situaciones que parecen adversas; pero me dejan sabiduría. Gracias por la sonrisa que me regaló esa persona que no conozco. Gracias por tener trabajo, por la comida caliente, por la taza de café. Agradecé y, en poco tiempo, todos tus deseos comenzarán a materializarse.

 

3. MIEDO A LA ENFERMEDAD

La enfermedad es un desequilibrio de tu estado de conciencia. Cuando empezás a sentirte débil, está claro que perdiste tu fortaleza interior. “Enfermedad”, es una palabra compuesta del latin “in-firmus”, que significa “Sin Firmeza”. Si comienzás a erradicar las auto-culpas, estarás dejando las cárceles del saboteo mental y te liberarás de estas ataduras mucho más pronto. El filósofo Platón dijo: “mente sana en cuerpo sano”. Pensá en positivo respecto de vos mismo. La enfermedad se contagia, perjudicando a otro ser, como se puede contagiar la salud. Reconciliate con el pasado, perdoná íntimamente en tu corazón todos los sucesos de dolor y llená tu corazón de alegría, perdón y paz. El remedio para la enfermedad es el Amor. Te vas a dar cuenta de que, como todos los medicamentos, el amor también crea adicción. Convertite en un “adicto al amor”, llenate de amor, porque ya que nadie puede otorgar lo que no tiene, da amor y recibirás a cambio amor. Estarás cada vez más sano y lleno de vitalidad. El mundo necesita que estés saludable, para poder cumplir tu rol de ser un gestor de cambios en este planeta, que necesita curar su alma. Si hay algo de lo que podemos estar seguros es que partiremos de esta vida, no antes ni después. Cuando el médico nos da el primer golpe para que comencemos a respirar, se activa la cuenta regresiva; ese tic-tac que nos indica que vamos yendo hacia el día que debamos “parar”. Es por eso que la vida es un constante “Pre-parar”, es decir, una invitación a trascender en cada instante vivido, hasta que llegue tu turno de “parar”.

 

4. MIEDO A LA MUERTE

Cerrá tus ojos un momento e imaginá que hace una semana que te moriste y que estás en el cementerio visitando tu propia tumba. Mirás tu lápida y leés tu nombre, tus fechas de nacimiento y de partida de este mundo. A continuación, pensá en cuál es la frase que escribiría la humanidad acerca de vos mismo, en tu propia lápida: ¿Qué dirían de vos? ¿Qué fracasaste en muchas de las áreas de tu vida?; ¿Que la gente agradece que hayas partido, porque les hiciste la vida amarga?; o qué sienten profundamente tu partida y que dejaste un espacio vacío en la humanidad, que nunca nadie podrá llenar? ¿Qué diste? ¿Qué cediste? ¿Qué donaste? ¿A quién ayudaste? ¿De qué te privaste? Escribí en un papel qué es lo que deseás que quede grabado en la piedra, cuando partas de este mundo. Trabajá, día tras día, para acercarte a este enunciado que declarás. El miedo a la muerte se supera, cuando tu meta es proyectarte en la Trascendencia de tu entrega, generosidad, desprendimiento, altruismo, amor al prójimo, capacidad de despojarte, sin condiciones, sin esperar retribuciones, que vivirá en la memoria y los corazones de quienes hiciste contacto en la vida e hiciste felices.

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