Fantasmas Argentos, con poncho y boleadoras

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Hace un tiempo redacte la nota Mitos y fantasmas japoneses y hoy en un ataque de nacionalismo les traigo los “fastasmas” que hacen que al gaucho se le enfríe la sangre cual tereré.

 

La luz mala

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Hola, te quiero hablar a vos gaucho, que tajaí galopeando en la llanura pampeana, o tal vez en la espesura del bosque en la madrugada. Cuando divisas una luz azul, que baila entre medio de los árboles. ¿Sera el espíritu de un indio en busca de venganza? ¿Sera el “farol del mandinga”? ¿ O será la luz que desprenden los cuerpos en descomposición por alguna extraña reacción química?. Ni idea, la única certeza es que soldado que huye, sirve para otra guerra.  

 

El Yasiyatere

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En las noches de luna en el campo se puede escuchar un silbido:  yateré...yateré... Al hacerlo, las madres tienen que cuidar de sus hijos, ya que son las victimas predilectas de Yasiyatere, especialmente si son varones. Esté los rapta y los lleva a las profundidades del bosque, donde les lame la frente para borrar la marca del bautismo, luego juega un rato con ellos y finalmente los abandona enredados en lianas. El niño nunca vuelve a ser el mismo, queda atontado y con la mirada fija al vacío, y a cada aniversario de su rapto sufre en ataque de epilepsia. El Yasiyatere abandona al niño solo dejando el rastro de su pie izquierdo, ya que el derecho, no se puede ver.  

 

El familiar

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En el campo como en todos lados, hay empresas que prosperan más que las demás. Los lugareños a fuerza de envidia o tal vez de desconfianza, dicen que este buen pasar es causa de “El familiar”. El familiar no es otro más que el diablo, el cual realiza un pacto con el patrón del campo el cual a cambio de un año prospero recibe le permiso de devorar a un peón. Los pocos peones que lo han visto y pudieron contar la historia lo describen como un perro sin cabeza que arrastra unas pesadas cadenas. Muchos afirman que duerme en el sótano de la casa del patrón, esperando el año que viene para realizar un nuevo pacto.  

 

El Kurupí

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Se dice que es el hermano del Yasiyateré pero de carácter mucho más siniestro y agresivo. Suele raptar mujeres jóvenes, preferentemente vírgenes. Utilizando su largo pene, el cual lleva enroscado en la cintura las lleva al bosque donde luego las viola y las golpea. Es así que estas chicas vuelven a su hogar en cinta. El hijo del Kurupí nace a los 7 meses, y muere a los 7 días después de nacido. Dicen que es extremadamente feo, con piel y manos velludas de baja estatura y robusto. La mejor forma de escapar de su ataque es trepando a un árbol, ya que al no poseer articulaciones le es imposible subir.  

 

El silbido.

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Si alguna vez estas en un monte y escuchas un silbido que parece provenir de ningún lugar, no lo conteste. No se sabe bien como, pero han aparecido personas con la ropa rajada y malheridas en las laderas de los montes o en los ríos, los cuales se encontraban en estado catatónico y apenas podían emitir palabra. Estas personas permanecieron en este estado el resto de su vida, y la única información que aportaron fue “No devuelvas el silbido, el te va a encontrar” y algún que otro silbido de vez en cuando.  

No se si serán puros cuentos o ilusiones ópticas de algún gaucho mamado, pero te quiero ver una madrugada, en el medio del campo, recordando estas historias y echándole la culpa al mate por el dolor de pansa y el fruncimiento.

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