La televisión para chicos, ese mal imposible de evadir

Recién empiezan las vacaciones de verano, así que los adultos podemos empezar a olvidarnos de la televisión durante tres meses. Ahora, el aparato catódico (ok, ok, el LED/plasma/flat TV) es pura y exclusivamente de nuestros mocosos, felices de torturarnos con cosas horribles que todavía no comprenden del todo.   pink panther  

Dice la leyenda que si escuchás xu-xu-xu, xa-xa-xa de... ejem... Xuxa, se escucha claramente ALABEMOS AL DEMONIO. (N de R: Yo escuché "El Diablo es Magnifico" pero no recuerdo de que tema) Hay otras personas que aseguran que, en tiempos de Guerra Fría, Los Pitufos intentaban crear militancia comunista en los más chiquitos. Incluso al Pato Donald se lo metió en este globo propagandístico-subliminal, mostrando (con humor) lo bueno que es el nazismo. También dicen que Francella vió a Disney congelado... y así, dicen muchas cosas.

Pero todo esto es suposición, es un poco de paranoia y, reconozcámoslo, es bastante tiempo al pedo. Por eso yo, padre de una niña de dos años y con un montón de tiempo al pedo, me dediqué a algo más sencillo: objetivizar a los productos infantiles. No hace falta buscar demasiado para encontrar lo terribles que son. Solo basta mirar simplemente lo que se ve ¿No me creen? Empecemos.

 

1. El Jardín de Clarilú

Este programa infantil es, por lejos, el más terrorífico de todos. Allí nos presentan a Clarilú, una niña que no pasa los 8 años, que vive SOLA, a la que nunca vimos en una casa, en un mundo en donde los únicos adultos visibles son dos tipos y una chica disfrazados de letras que RODEAN EL LUGAR montados en un caracól, casi como Virgilio y Dante en su bote infernal. Pero esto no es lo peor. Lo peor es que a Clarilú le llegan, diariamente, mensajes anónimos solicitándole que cumpla ciertas tareas. Al finalizar el episodio, Clarilú descubre quién le envió la carta (puede ser un animal parlanchín, una araña filósofa o incluso una de las letras humanas ya mencionadas) y al parecer, con eso, gana un día más de vida en ese Eden del terror. Vale aclarar que los personajes de este universo son limitados. No son más de diez ¿Qué les cuesta acercarse y decirle “che Clarilú, perdí la billetera, ¿me ayudás a buscarla?”... No. Todos sádicos.

 

2. Los Imaginadores

Los Imaginadores no llevan tanto mal cargado, sino que son casi un dilema social. Tenemos a cuatro tipos que viven en un taller que ocupa, literalmente, hectareas y hectareas de terreno, y nunca los vemos cobrar por los trabajos que realizan. Y esto, cuando tienen trabajo, ya que en la mayoría de los episodios los vemos quejándose de la poca cantidad de gente que necesita imaginadores (y chicos... hubieran estudiado algo) y del poco laburo que están haciendo. Mayormente los vemos bailando y cantando, ociosos, con su vecina Nina. Y cuando laburan, de nuevo, nunca los vemos cobrar, y menos, facturar. AFIP, a ellos.

 

3. La Doctora Juguetes

El primer dibujo animado de la lista es tan tremendo que hasta estoy sudando (sí, hace calor, pero no es por eso). La Doctora se dedica a reparar juguetes. Hasta ahí todo bien, ese es un oficio perdido y el reciclaje no tiene nada de malo. El gran problema es que los juguetes, a su alrededor, COBRAN VIDA. Yo no se ahora, pero en mi generación, un juguete que hablaba lo único que podía hacer era meterse a tu cama con un cuchillo y cortarte el gañote. Otro dilema, tal vez menor, es que la nena esta no puede tener ni por putas un título en medicina, por lo cual podríamos estar siendo testigos de una Rímolo infantil.

 

4. Los Ositos Cariñositos

Hay muchos ositos cariñositos, pero ahora vamos a meternos en el que pasa Disney Junior con animación estilo 3D, llamados Bienvenidos a Quiereme Mucho. Ahí, semanalmente, los ositos SECUESTRAN A UN NIÑO HUMANO y lo envían a su país sobre las nubes (Quiereme Mucho, claro) para enseñarles una importante moraleja sobre alguna actitud reprochable que estén llevando en la vida. Mientras tanto, en nuestra realidad, las familias deben ponerse con los pelos de punta, buscando a los chicos, subiendo fotos a redes y pidiéndole ayuda a Juan Carr. Esa parte no te la muestran los muy sádicos.

 

5. Zou

Odio a Zou. Lo odio con toda mi alma y todo mi corazón. Y mi hija lo ama. Y tengo un montón de problemas con Zou. Por empezar, es un pendejo (ok, en realidad es una cebra) malcriado que vive con una bocha de familiares en una super mansión con un montón de problemas burgueses. Los muy turros tienen a la bisabuela lisiada (que seguro es la que se peló el lomo por todos) viviendo en el TERCER PISO de la casa, mientras los demás pueden entrar y salir a gusto. El padre y la madre trabajan, y la cebrita está prácticamente todo el día con el abuelo, un tipo con un serio problema de síndrome de Peter Pan, y la abuela, que lo único que hace es cocinar galletitas, por lo cual el colesterol de todos en la casa debe estar por las núbes.

Estos son sólo cinco ejemplos, cinco nada más, de una cantidad inmensa de productos que nuestros niños consumen como si fuera oxígeno. Y lo peor de todo es que, cada tanto, nos enganchamos a ver qué pasa. Esta gente malvada se está colando en nuestras casas, y nosotros lo estamos dejando ¿Por qué será que los chicos no prefieren ver un documental sobre erizos en Discovery Channel?

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