La trampa de la mamá araña: Los niños (atrapados) en la red

¿Es posible pensar una cosa y hacer todo lo contrario? …Síííí. ¿Se puede sostener blanco con tus hijos y hacer negro? Mmmmhh…¡Claro! ¿Serías capaz de exponer la intimidad de tus hijos ¡No! ¿Publicás sus fotos en tu Facebook? ¡OBVIOOOOO! De eso se trata la trampa de “Mamá Araña”, de cuando tus hijos quedan atrapados en tu propia red o, mejor dicho “la red”

arania

Ni falta que hace que yo les diga las cosas que hice. Mi blog comenzó llamándose “Odio a mis hijos”, aunque ya he hecho público mi arrepentimiento. De hecho, comencé este blog compartiendo mi experiencia materna a partir del día a día del crecimiento de mis hijos, casi que a modo de reality. Sin embargo, debo confesarlo, hace un tiempito atrás comenzó a “darme cosa” poner fotos suyas …o poner tantas …o no sé exactamente qué es lo que me hizo ruido, pero algo cambió.  

Y no es que una ande paranóica, ni pensando que nada malo tiene que pasarles si se ven sus rostros y, la verdad, no tengo dinero suficiente como para que valga la pena secuestrarme nada: lo saben hasta los chorros. Pero lo que pasa cuando uno publica la foto de sus hijos (amén de que yo lo haga) es que eso los expone, los afecta y ellos están “indefensos” frente a ese accionar del adulto, o sea nosotros: sus propios padres.

En ese sentido con respecto a esto que planteo (aunque no sé muy bien qué planteo), Chuck Klosterman, redactor del New York Times, escribió hace un tiempito un artículo llamado “T.M.B.-Too Much Baby”  (Demasiado bebé, en Español) en el que planteaba lo siguiente: “Obviamente un bebé tiene derechos humanos; no puedes matar a un bebé o vender un bebé o privar a un bebé de las cosas que necesita para sobrevivir. Un bebé está vivo, y un bebé tiene cerebro. Pero un bebé no tiene una mente como tal. No puede comprender su propia existencia o la existencia del mundo, o lo que Facebook representa. Los bebés no pueden tomar decisiones sobre la integridad de sus vidas porque no tienen la capacidad de hacerlo: cómo se visten, cuándo se van a la cama o si aparecen en Facebook. No es una violación de su capacidad para actuar en el mundo, porque no la tienen”. Lo cual es todo cierto, pero para eso estamos sus madres y/o padres, ¿o no?: para tomar la decisión que consideremos la mejor para ellos… especialmente mientras ellos no tengan la capacidad de hacerlo.  

Chuck klosterman

En ese sentido: Facebok, Twitter o Internet en general, ¿serán una buena opción para su integridad o bienestar? Supongo que no. Pero también creo que los adultos muchas veces tomamos decisiones sobre nuestras vidas de adulto (aunque sean “estupideces mínimas” como publicar una foto familiar en tu red social favorita) olvidando, que acarreamos a nuestros hijos cual barriletes sin preguntarles que opinan. Y ojo que yo estoy más cerca de lo que piensa Chuck Klosterman que de todas estas cosas que me pregunto, pero tampoco quiero pecar de prepotente superada de nada (además ya he pecado bastante en la vida y prefiero no involucrar a mis hijos).  

Confieso que Benjamín (mi hijo mayor, de casi 9 años) no sólo ya no quiere que le saque tantas fotos como antes (menos conmigo), sino que ya me dejó bien claro que le da vergüenza que ponga fotos suyas en internet, salvo las familiares que tienen su respectiva “cláusula de privacidad” en facebook y que jamás pongo ni en mi FanPage ni en mi cuenta de Twitter. O sea: soy una madre de mierda, pero tengo mis códigos.  Mi marido y su hijo adolescente me pidieron lo mismo que Benjamín, pero como jamás leen mi blog dfigamos que :"los respeto lo más posible"

En todo caso es un buen tema para la reflexión y el intercambio, porque de seguro nadie “comparte” (aunque sea fotos)  con mala voluntad, sino más bien todo lo contrario. Pero hagamos un sinceramiento generalizado y reconozcamos que cuando publicamos fotos de los chicos lo hacemos  por una suerte de “mezcla desquiciada” de pecados. Es como una generala de pecados no capitales (¡bah!, alguno capaz que sí): orgullo, narcisismo, exhibicionismo familiar… y aunque no sean pecados mortales son, cuanto mínimo, cuestionables.  

El otro día en la Caminata Solidaria de Mimo&Co por el Garraham estuve con distintos padres y madres famosos que llevaron a sus hijos. Algunos de ellos no permitían que se tomaran fotos de sus hijos, otros lo permitían solo si era para revistas pero NO para internet y otros no tenían ningún problema. Todos co-habitábamos, compartíamos muchos puntos de vista y todos amamos a nuestros niños, aunque cada quien toma los recaudos que mejor le parece. Seguro algunos de ellos les lavarán más las manos a sus chicos y otros los alimentaremos mejor. En cuestiones de maternidad, los cuidados se toman con el corazón y todo suele ser más efectivo cuando no se anda señalando a los demás.

caminata g  

Lo que está bien… lo que está mal… en mi vida me ha ido bastante bien diciendo cosas que para muchos estaba bastante mal decir… es raro. Y hoy, después de dos años de escribir sobre maternidad, compartiendo mi experiencia y mis imágenes familiares, he comenzado a sentirme incómoda exponiendo a los chiquilines. Llámenlo crecimiento, maduración o paranoia. No sé bien cómo seguirán mis columnas semanales (pero seguirán eso es seguro). La cuestión es cuál es el límite: ¿qué sí, qué no y qué es peligroso? No esperen respuestas de mí, siempre fui un desastre con los límites, especialmente con los míos.  

Por eso me parece bien, justo y creo que es un buen momento para que empecemos a hablarlo y debatirlo. Pero sin ser caretas, diciendo que no hacemos lo que sí hacemos, o rasgándonos la vestiduras por haber publicado una foto de la cacona de nuestro bebé… quiero decir, DE ÉSTAS COSAS SÍ SE HABLA, y si no hay que hacerlo, porque Internet es un monstruo voraz que se nos está yendo de las manos. Un monstruo genial, atrapante e infinito, donde uno siempre sabe dónde o cómo empieza, pero jamás cuándo o cómo termina… y allá van las caritas de nuestro hijos manchadas de chocolate, en la foto que nos pareció divertida y subimos a la red… cayendo en la famosa red de la Mamá Araña, a quien el orgullo la puede.

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