Fort se compró todo lo que pudo, menos un cuartito más de vida

fort

Ayer me levanté un poco tarde porque era feriado. Prendí la tele y escuché la noticia del día: se murió Ricardo Fort. No me sorprendió. El tipo venía mal con el tema de su cuerpo destrozado. Que la rodilla, que la columna, que los clavos, que la morfina, que el dolor crónico insoportable, que eso no es vida para nadie. El tipo ayer se murió. Con cuarenta y cinco años, dos niños pequeños, más de doscientos millones de dólares en una cuenta en un banco. Se murió igual. Pobre hombre. Una verdadera lástima, pensé.

Salí a la calle y crucé al bar. Y, otra vez, me contaron una muerte. Una muerte más cercana. Más sentida. Se murió Osvaldo, dijeron. Osvaldo, el tipo del almacén de al lado. Un hombre con cara de bueno que venía luchando, desde añares, para que la globalización no se comiera a su comercio y continuara funcionando. Un tipo de esos que le ponen el hombro a la vida, que saluda con sonrisas. Un señor que fue amado por sus hijos, fue besado por sus nietos. El último fiador de Buenos Aires. Uno que tenía 85. Casi el doble que Ricardo.

¿Por qué alguien pobre vive 40 años más que alguien rico? ¿Por qué se murió Fort? ¿Cómo puede ser que Fort se haya muerto en la terapia intensiva de una de las clínicas más caras de la Argentina? ¿Qué le espera a alguien que se atiende en un hospital público? ¿Cómo es que se va un millonario? Los medios dijeron y repitieron estas y otras gansadas todo el día. La radio no entendía. La tele no quería saber. ¿Saber qué? Que la muerte no te chequea la cuenta bancaria antes de golpearte la puerta. La muerte entra como puta atrevida.

Es que te morís igual. Hayas tenido una gran vida o una de mierda. Hayas viajado por el mundo o hayas estado detrás de un mostrador contando moneditas. Te morís igual. La hayas gastado toda o hayas padecido todos los problemas financieros del mundo entero. Te morís igual. Ni un minuto antes ni un minuto después de lo pautado. Cuando terminaste de hacer todo eso que tenías que hacer en esta vida, te morís. Te morís igual...

Y principalmente, te morís porque no lo decidís vos. Otro te marca el final y vos te morís igual. Sin chistar. Otro te pone el límite.

Límite.

La única excentricidad que Ricardo no conocía y que, vaya curiosidad, vino a experimentar recién ahora.

Agrega tu Comentario
 
 
Contactate con RonnieArias.com © 2014 Ronnie Arias. Todos los derechos reservados.