Lo que "Consumimos" Padres e Hijos: Los Rincones de Rincón

Hoy bánquenme en esta catarsis bestial que estoy por emprender, en este derrape de estupor desenfrenado que parecerá alocado, desmedido y descolgado, pero que, en definitiva, tiene mucho que ver con lo que “consumimos” los grandes y con lo que “negociamos” que “consuman” nuestros hijos.  

carla cz    

El domingo a la noche temprano, miraba impávida la casi transmisión en vivo de la post internación de Andrea Rincón, por su adicción a la cocaína. Sí, esa vedetonga mediática medio loca linda, que en sólo dos meses se puso de novia con Ale Sergi, el cantante de Miranda!, se juraron amor eterno, se tatuaron juntos y ella misma salía en los distintos programas de chimentos llorando, ante la mirada azorada de los panelistas más variopintos, diciendo que “NECESITABA tener hijos con élllll”… Y lo dejó, con la misma vehemencia que lo amó, gritando que la tenía “así de chiquitita”... Todo en dos meses.

Quiero aclarar que ella en particular ella me cae bien. Siempre me llamó la atención que saliera en los medios medio en bolas hablando de cómo se había recuperado de su adicción a la cocaína y otros temas, me parecía loco que fuera “un modelo” de recuperada una señorita en tanga. Y no lo digo desde el prejuicio, como podrán imaginarse, sólo no me parecía un modelo de nada, por más simpatía que me causara. Yo misma no soy un modelo ni un ejemplo, ni la mayoría de mis amigos son ejemplares por sus conductas, aunque sí por su corazón y tal vez ella también lo sea. No lo sé.  

La cuestión es que no voy a hablar mal de Andreita, sino de los medios que  son capaces de despedazar a un ser humano en carne viva y exponerlo en vivo y en directo. Sé que no es el único caso que podría citar, pero es el que me enfureció el otro día. Exponer a una persona con ese nivel de adicción y hacerla hablar de cómo se ha recuperado, me pareció de un nivel de criminalidad mediático que me sacó. Para empezar, tengo perfectamente claro que cualquier productor se da cuenta que una persona (en este caso ella y desde hace un buen tiempo a esta parte) esta señorita no es un conejito, que hace naricita y trompita y se traba mientras habla (el ABC de los tics de alguien que está consumiendo)... está claro que esa persona no está bien y la tiran a la arena como al clown en un circo cuando hay que tapar un bache. Se divierten, se regodean, le dan manija… y la ponen a hablar de “cuando era adicta”. No sé, me acuerdo de Joaquín Levinton (cantante, ex Turf) y del mismísimo Diego Maradona, contando en el living de Susana que “estaba bárbaro” con las pupilas tan dilatadas que parecían monedas de dos pesos.  

Las imágenes bufonescas de la tele me preocupan cada vez más, y eso que yo trabajo en la tele y soy productora desde hace muchos años. Me preocupa mucho qué consumimos (voluntaria o involuntariamente) cuando miramos tele. Me preocupa qué consumen nuestros hijos (voluntaria y casi siempre involuntariamente) cada vez que miran la tele o la compu.

carla y benja

Nuestros hijos están expuestos constantemente, más allá de que miren “sólo lo que les dejamos ver”, lo cual sabemos que es una mentirita que nosotros mismos decidimos creernos. El control absoluto es imposible, sino deberíamos desconectar todos los artefactos y eso tampoco sería ninguna solución y menos “sana”. Como mínimo no sería realista.  

A veces estamos muy ocupados para ver de qué se ríen, enojan, lo que muestran o demuestran aquellos “productos” que “consumen” los chicos… ¡si a veces casi ni podemos decodificar lo que consumimos nosotros mismos!  Los parámetros, los modelos y los valores que nos meten y les meten a los chicos como cucharadas de sopa se nos escurren como agua entre los dedos. Y entonces los pibes “cuando sean grandes” quieren ser famosos o millonarios, como los de la tele, y a como de lugar. El objetivo es el resultado: ricos y famosos. ¿Los valores?, Bien, gracias.  

Yo puedo comprender el morbo hasta cierto punto. Creo que el morbo es algo que intrínsecamente tenemos de fábrica, en medidas lógicas. Entiendo cómo se fisgonea ese morbo desde los medios. Puedo entender que alguien quiera ver algo privado o prohibido como un video hot de una famosa y su pareja (aunque me parezca mal), puedo entender la imposibilidad de dejar de mirar y opinar sobre casos mórbidamente policiales como crímenes sexuales, entiendo esa necesidad de espiar. Pero no entiendo la enferma necesidad mediática de exponer ante cámara a una persona que claramente necesita ayuda, no puedo soportar que sea puesta en el lugar del bufón, que le hagan la claqué sólo porque esa persona está indefensa, no registra y no puede parar más que para ir a tomar más cocaína al baño en cada corte publicitario o en cada tape que sale al aire. No me refiero a Andrea Rincón, me refiero a tantísimos casos…

Eso no lo entiendo, ese es un morbo enfermo y asqueroso de los que hacen televisión, que saben lo que sucede y se divierten con eso. “Eso” no es “lo que quiere la gente”, frase que odio.

   

Y nosotros miramos, los rincones de Rincón, las miserias de Maradonna, las de Magolla y las de Cadorna… el tema es qué consumimos y qué consumen nuestros hijos. Esto que pasó el otro día, que por supuesto pasó inadvertido porque Justin Bieber se intoxicó y tocó solo 8 temas y que va a pasar inadvertido porque a nadie le importa ni Andrea, ni los otros, ni los chicos, ni nadie.  

Nadie es noticia demasiado tiempo, pero nuestros hijos son las únicas noticias de nuestras vidas, y lo que ellos hagan y deshagan debe ser una noticia constante para nosotros como madres y padres. Lo que los niños consumen desde niños, con y sin consentimiento de los padres, ya sea por opción o por omisión, estará directamente relacionado con lo que consuman cuando sean grandes. Y ahí deberemos estar también, llegado el caso. El tema es que el momento es hoy, “lo que pasa” pasa hoy y después ya pasó. No los dejemos solos, seamos presentes, seamos responsables… seamos padres.

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