El Baúl de los Recuerdos: cómo se archiva el amor materno en las "arcas" infantiles de la memoria y el corazón

Ayer a la noche mientras berreaba con mi hijo menor Bruno, prácticamente obligándolo a acostarse, forcejeando para ponerle el pañal y tratando de gritar más fuerte que él (yo: una ridicula y al pedo total) como si eso me diera alguna autoridad y sabiendo que no conduce a ningún buen puerto, él ( con 3 años y más adultamente que yo) se dio vuelta y me dijo: “Basta, mamá, no se grita, me da miedo” (se los traduje un poco, él prefiere decir: “Bata, mamá, no grita, teno pucho mielo”). Bueh, todo terminó con un abrazo, yo morfándomelo a besos y con un cuento de avioncitos que querían ser veloces… para terminar, a pedido del público: una “canchión pala noni”.

brunito

…mientras cantaba alguna de las mil y una variaciones de noninoni (soy una experta en cambiar la letra cada noche, como la mayoría de ustedes) pensaba en cómo se procesará cada una de esas “minihuellas” que cotidianamente imprimimos en la memoria de nuestros pichones con el nunca bien ponderado “rutinario” trabajo de mamás.

¿Qué recordarán de cada una de las cientos de cosas que hacemos cada día para ellos?: el desayuno, el puré, limpiarlos, los besos, abrazos, las salidas, charlas, idas y vueltas, el baño… incluso peleas, retos, la tarea del cole…¿Cómo se imprime, qué prima y qué es lo que importa? El amor desde luego pero siempre me dio curiosidad saber cómo funcionará.

 

andy

Y todo para que un día sean adolescentes y nos odien ¡qué injusticia, Dios Mío! Una vez la descubrí a mamá llorando hará unos diez años porque había discutido con mi hermano que en ese momento tendría unos veinte años. Parece que él le había dicho que ella no había hecho nunca nada por él… ¡mirá que decirle eso a una madre judía! ¡casi la mata de un disgusto! (seguro que yo le debo haber dicho y hecho cosas peores, pero jamás poner en duda su accionar materno, cuantitativamente hablando… sólo porque nunca se me ocurrió) Especialmente teniendo en cuenta que hay más posibilidades de que una madre judía te mate por sobredosis en su accionar que por falta de él. En ese entonces yo no era mamá y me pareció que mi vieja exageraba, para variar. Y hoy, que registro la cantidad infinita de “minicosas” que hacemos diariamente me pregunto en qué lugar o de qué manera se acumulan, acopian, registran. ¿Qué recordarán de todo eso nuestros hijos? 

benja

Si bien no hago ninguna de esas cosas para que se las acuerden, a veces pienso: ¿Se acordarán de “esto”?, en una salida mientras nos matamos de la risa todos juntos, por ejemplo. El otro día mi hijo mayor  (de casi 9) me dijo algo que me aniquiló: “Vos a mí me tenés mucha más paciencia que a Bruno”… ¿Por qué me lo dijo?, ¿Qué, a Bruno lo trato mal? ¿Le estoy cagando la autoestima? ¿A los quince sentirá que lo abandoné, que su madre no lo amó lo suficiente?... ¿Se acordará de la otra noche que lo cagué a pedos porque no me dejaba ponerle el pañal y le dio “pucho mielo” cuando le grité?... ¡Ay, Dios, Oiy vei!, no se hace eso con el corazoncito de una madre judía.  

En serio, me da curiosidad, ¿las opciones de almacenamiento de la memoria infantil serán binarias?, tipo: me ama – no me ama; me cuidaron-no me cuidaron; todo bien-todo mal?  No sé, pero una vez más no tengo respuestas, conocimientos ni certezas para algo relativo a la maternidad. Aunque supongo que el amor maternal crece junto a la experiencia misma del “prueba-error”… ojalá que el de ellos también.  

El domingo a la noche enganché la peli “Then she found me”, con Helen Hunt que hacía de una mujer que había sido adoptada, que ya grande y conocía a su madre Bette Midler, quien la terminaba acompañando en el trayecto de concretar la maternidad: quedar embarazada a como diera lugar… el tema es que, en un momento, la madre mientras Helen Hunt recién embarazada se baña en una enorme tina, a modo de mimo, le lava el pelo. Vi eso y rompí en llanto. Fuerte. Ridícula. Era casi la media noche y lloraba sola tratando de no despertar a los demás…bien de mujer.  

bette y helen

Y fue porque vino a mi mente un recuerdo, no tan lejano como la infancia, de esos conservo millones por suerte. Mis padres se esforzaron mucho o fueron muy amorosos porque tengo miles de momentos aún transcurriendo en mi cabeza como si nunca hubieran pasado. Vino a mí el último recuerdo hermoso con mi papá antes de que muera, 8 años atrás. Y sí, aunque seamos grandes, con nuestras madres y padres siempre nos relacionamos como niños. Somos siempre niños al lado suyo.  

Era de mañana y yo estaba recién operada de una hernia abdominal, Benja (el mayor) recién tenía un año y yo acababa de pasar mi primera noche sin él, en un sanatorio. Me lo iban a traer en un rato. Le pedí a mi papá que me peinara. Fue en silencio y con suavidad, lentamente. Fue hermoso y los dos lo registrábamos, callando para cada uno esa emoción rara y hermosa: yo me sentía niña y papá me veía así. Mientras él me pasaba el cepillo (lo hizo durante un largo rato) vinieron a mí muchos recuerdos infantiles relativos al pelo: odiaba que me peinen, odiaba que me aten el pelo porque me hacía doler la cabeza, mi tía Lidia era la única que no me hacía doler, o mi abuela que tenía un “sepillo mágico” y me desenredaba cantándome “A Atocha va una niña, carabín”, a papá le gustaba que me peine todo para atrás bien tirannnnnnte…  

A dónde quedan los recuerdos de cosas hermosas y amoroso-maternas de cuando somos niños. Por día hay miles de cosas que sería divino que mis hijos recuerden. Todo lo hago con amor, aunque putee un poco en el camino. Tal vez le esté pifiando a la pregunta, tal vez no valga la pena, quizás lo importante se imprime solito…quizás un día me pidan que los peine, o que les haga milanesas a ellos y a sus hijos y mientras se las prepare se acuerden de muchas cosas que yo misma ya haya olvidado.

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