El Nacimiento de una Leyenda

Hace pocas horas se cumplieron 50 años del primer disco de un tal Roberto Sánchez. Era imposible saber ese día 13 de noviembre de 1963 que estaba a punto de comenzar una de las carreras más largas y exitosas de toda la música popular argentina.

Porque la Vida (así, con mayúscula) es así: no te avisa que se está por producir un hecho histórico. Simplemente fluye...  

sandro y los del fuego  

De haber sabido que este hecho iba a ser recordado y celebrado tanto tiempo después, probablemente Roberto, que ya usaba el nombre artístico "Sandro", hubiera elegido otras canciones para grabar. Quizás unas composiciones propias, en lugar de versiones de éxitos de Elvis y Paul Anka. Y probablemente los músicos de Milo y su Conjunto (que lo acompañaron en esa primera grabación), hubieran pedido que les pagaran un poco más en esa sesión. O un crédito en la tapa del disco, sabiendo que se trataba de un momento casi sagrado.  

Pero no. Ninguno de los que estaba allí tenía forma de saber que estaban asistiendo al nacimiento de una Leyenda.

La carrera de Sandro no se parece a ninguna otra. Por sus orígenes, por su desarrollo, por su explosión, por sus alcances, por su duración, por los reconocimientos y por las alturas míticas alcanzadas. Y ya desde el principio estuvo bien marcada una dualidad que alimentó la primera parte de su carrera: el rock aparecía como una influencia importantísima, como se refleja en la inclusión de temas de Elvis, los Beatles, Buddy Holly, Jerry Lee Lewis y otros en sus primeras grabaciones. Pero por otro lado también se hacía presente una vertiente romántica, que, con los años, definiría al Gitano.

La elección de un tema de Elvis para su primer simple (sí niños, eran unos disquitos de vinilo que giraban a 45 rpm... googleen si es necesario), no es más que un reconocimiento del enorme ascendente que Mr. Presley tuvo sobre la estética y la música de Sandro, que llegó a ser conocido como el "Elvis criollo" 

Ese 13 de noviembre de 1963 el bueno de Roberto Sánchez todavía estaba lejos de saber que pocos años después formaría parte de La Cueva, ese mítico reducto donde se parió al rock nacional. Y por supuesto, también desconocía que en unos añitos más comenzaría su matrimonio artístico con Oscar Anderle, el tipo con el que compuso los más grandes éxitos de su carrera. Y ni en sus sueños más salvajes, Sandro podía imaginar que alguna vez su nombre iba a verse en la marquesina del legendario Madison Square Garden de New York, ya convertido en Sandro de América.  

 

Si este hecho que estamos recordando hubiera sucedido en la actualidad, habría un video mostrando toda la intimidad de la grabación, los músicos hubieran subido las fotos a Twitter y una campaña viral habría informado al mundo que un tal Roberto Sánchez había llegado al mundo de la música para quedarse.  

Pero esto pasó hace 50 años, y sólo podemos fantasear conque nos hubiera encantado estar, calladitos, en ese estudio de grabación, presenciando el nacimiento de una leyenda: El Gitano, Sandro de América.

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