Sexo y Puerperio (parte II) Volver al Ruedo

La semana pasada arranqué hablando del (no) sexo durante el puerperio… y, ¿qué quieren que les diga?: me re-copé. Hablar de sexo es lo mío, así que: a mi juego me llamaron.

Hoy me pongo la camiseta que guardé hace mucho en el cajón de Kaos en la Ciudad y salgo a dar cátedra de cómo recuperar el entusiasmo en la pareja recién parida. Entonces, ¡preparen los chiches, que vamos a jugar a los amiguitos!  

sexie en el puerperio  

Lo primero que tengo que decirles que el deseo sexual no siempre aparece espontáneamente y menos luego de una situación de tanto stress como la llegada de un hijo, por más hermosa que sea. La pareja ya no es la misma, ya no son dos: son tres, tu cuerpo no está igual, ya ni te acordás cómo eras realmente antes del embarazo y tu pareja tampoco.

Probablemente el hombre oscila entre la confusión, la impresión y el miedo. No sabe si acercarse o salir corriendo, no sabe bien dónde pararse para no molestar o qué ofrecerte para colaborar… y sólo piensa: “De garchar ni hablar, ¿no?”…  Y, la verdad que no. Así no. Lo otro que deben saber es que el deseo se genera, se modifican y renace dentro de la intimidad de la pareja. Pero para eso hay que ponerle onda y dejar de lado las ansiedades (más típicamente másculinas aunque no exclusivamente).

Para regenerar la cachondez o mantener el fueguito prendido, aunque sea un fueguito lento pero que subsista vivo hasta que nos deje de doler o hasta que de verdad volvamos a arder en deseo, la comunicación de la pareja y comprenderse mutuamente resulta fundamental. El deseo de tener sexo va a volver, eso va a suceder inexorablemente y si no sucede el problema no está en el puerperio sino en la pareja, lamento informarles.

Es importante recordar la amplia variedad de opciones de contacto que existen y que no incluyen el coito necesariamente, ni fuerzan a nadie a nada, pero que permiten un acercamiento, cuando no erótico, de cariño y complicidad. Eso es mucho. Y, a mi humilde parecer, hay que militarlo.

Por el otro, por uno y por los dos. Seamos sinceras, a veces no es que de verdad no tengamos nada de ganas, sino que termina ganando más la fiaca o el cansancio, algo que durante el puerperio copa la parada, no solo para el sexo. Si dormís poco y mal y encima das la teta sin parar, te sentís como un trapito con más ganas de que te cuelguen arriba de la canilla que de andar “lustrando” nada.  

los tres  

A veces nos comemos la cabeza pensando qué hacer para que nuestra pareja nos siga queriendo y gustando de nosotras. Te preguntás cómo debieras esperar a tu marido, si desabrochar el camisón un botón más, si “hoy hay que hacerlo sí o sí porque ya van dos meses…” y la verdad, hay que pensar un poco menos, no racionalizar tanto y dar rienda suelta a la intuición, seguro que así el deseo va a fluir con mucha más naturalidad.

La realidad es que a veces (aunque no fue mi caso) pueden pasar algunos meses sin que haya coito, el problema es cuando esos meses la distancia sexual distancia a la pareja y tener sexo se convierten en “un tema”. Y cuando la sexualidad pasa a ser “tema”, se empieza a cavar una zanja (con perdón de la palabra) que se va profundizando y dividiendo a la pareja cada vez más. Por eso está bueno eso de mimarse, charlar, mantener el contacto físico, el calor, el amor.

En los casos en que los papás están más conectados con lo que está pasando en su hogar, con su hijo, con su mujer, están mucho más en sintonía con las sensaciones que experimentamos nosotras y eso hace todo más fácil, porque nos comprenden. Esa complicidad es todo. Pero al que no vivencia así las cosas, no podemos obligarlo… desgraciadamente.

El punto es: aquellos que se han alejado sexualmente y durante meses no mantienen relaciones sexuales, por el motivo que fuere, ¿cómo y por dónde se empieza? ¿Cuándo es el momento?

El momento es cuando se desea, no cuando se siente deseo, sino cuando se desea intentarlo. Y acá, chicas, la pelota está de nuestro lado de la cancha. Lo que les puedo decir es que el deseo sexual puede venir solo y otras veces es bueno salir a buscarlo. Yo les juro que está ahí.

Mi consejo es comenzar de manera paulatina: a veces con caricias y contacto genital o actividad masturbatoria, sin necesidad de que haya penetración… o sí. Por ahí pinta una vez que “el motor” se calienta…  

pareja  

Otra gran pregunta es: ¿qué pasa cuando no fluye? Cuando la necesidad de contacto sexual es claramente diferente entre los integrantes de una pareja o si no hay acuerdo acerca de qué hacer.

Ahí, me parece, es bueno consultar con un profesional. Alguien que los ayude a reencontrarse. Igual, si vamos a lo ideal, creo que no hay que llegar a ese punto, aunque para mí, cuando hay amor, todos los puntos tienen retorno. Lo que no hay que perder nunca de vista es el respeto por los tiempos del otro, sus deseos y sus necesidades. Puede no haber acuerdo, puede generarse conflicto, pero eso puede trabajarse.

Ahora, el atropello, la falta de respeto e incluso “hacerlo para que el otro no se enoje”, me resulta inconcebible en una relación de amor. Igual yo creo que hay que ser optimista, ¿por qué no habría de volver algo tan hermoso y amoroso como la sexualidad, el deseo y el contacto físico entre dos seres que acaban de ser padres? Piensen en positivo, manotéense a la pasada, tóquense fuera de contexto, sean pícaros, ríanse de la falta de ganas y jueguen, jueguen mucho.

Que el objetivo sea estar cerca y divertirse, ya van a ver que lo demás se acomoda solito. Y como diría un profundo filósofo tibetano: “¡A garchar, muchachada, que lo mejor está por venir!”: ¡Es lindo, es rico, adelgaza y es gratis!

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