Se que suena fuerte, y más si pensamos que hoy es el Día de la Madre (con todas las letras), pero cuando era chico, odiaba a mi vieja. Pensaba que las madres eran el castigo de Dios en el mundo y que como en Terminator, eran terribles robots, mandones, con una sola misión: Hacernos pasar una vida miserable.
Para eso quieren tener hijos, para descargar. Ojalá que en el futuro los bebés salgan de una cápsula cibernética y de esta forma se salvarían de la cantidad de complejos, culpas, dolores de cabeza, etc, etc, etc.
Desde el comienzo de los tiempos las madres tienen la culpa de todo:
Esos gritos por la mañana: - Ronnieeeeeeee, vas a llegar tarde a la escueeeeeellllaaaaaaaaaaa!
Y guarda que no haga la cama, me podía quemar la cabeza hasta que ponía el pie en la calle. ¿Si a mi me gusta dormir en una cama toda revuelta, por qué tenía que hacerla?
¿Qué le molestaba que rompa todo el guardapolvos o que lo tenga lleno de manchas de todos los colores de comida posibles? Si de esa manera sabía que comía y que no, y lo que es mejor, no repetía las recetas de una semana para la otra. Nunca me creyó, yo intentaba no mancharme… Las manchas aparecían de la nada. ¿Yo que culpa tenía?
- Vamos a tener que llevarte a la escuela rodando. Te la pasas todo el tiempo abriendo y cerrando la heladera!!!!!! Era como la Mujer Policía. Llegó a correrme tres cuadras por la Av. Nazca después de que me comí 27 milanesas de peceto a la napolitana. ¿Qué culpa tenía yo de tener hambre?
Dejé de robar comida en el camión-frutería de Juan B. Justo y el pasaje. La señorita Amalia me puso “excelente” en una composición, y deje de molestar a la hija de la señorita Nieves porque era re-traga.
Nada le alcanzaba, es más se aliaba con mi hermana Lili y mi viejo para hacerme notar que era un burro en matemáticas. La mamá de Rita, mi vecina un día se enfermo, al otro vino una ambulancia y después no la vimos nunca más. Mi vieja decía que ahora estaba en una estrella, que era un ángel, pero nosotros sabíamos que estaba muerta.
La idea de imaginarme a mi vieja muerta era rara pero no tanto. Cada vez que me mandaba una cagada, ella se encargaba de recordarme el tema: Ya me vas a llorar cuando esté muertaaaa!!!!
Las cosas que tuve que hacer para no llorarla si se moría: Bañarme cuando se le antojaba, comer pescado, estudiar, etc, etc, etc.
Hasta esa noche en que le robe de la cartera algo de plata a mi tía Eulalia. Decidí que me tenía que ir de mi casa, o me mandaban a un colegio pupilo donde solo podría ver a mi familia desde una mirilla y eso, solo si me portaba bien.
El frío que pasé en el patio de nuestra vecina María… A esa edad uno se cree que la comida, es algo que esa mujer que solo exige “cosas” tiene que darnos obligatoriamente como parte de alguna ley de la naturaleza. Tenía frío, hambre y extrañaba a mi vieja (también extrañaba la comida)
Cuando me encontró pensé que me rompía la cabeza de un zapatazo. Pero no, ni siquiera gritaba, y creo que tenía los ojos medio llorosos. Me habló como si fuera un bebito – (suave y claro) ¿Cómo se te ocurre hacer algo así? ¿Vos me querés matar!?
Estaba cansado, tenia hambre, frío, sueño. Y solo quería abrazarla y que me abrace. Cuando estoy por tomar el envión me dice: - Mejor que te des una ducha si querés comer!!!
Y bue… Madres son madres. Es lo que se tiene que esperar de ellas.
No me gustaba la escuela, y una de mis preocupaciones era como hacer para faltar al colegio. Probé todas las fórmulas posibles para tener fiebre. Desde ducharme con agua helada en invierno, caminar bajo la lluvia a los famosos e inútiles secantes húmedos en los pies.
Una mañana me desperté muy descompuesto, con fiebre y lo primero que pensé fue que ni bien se fueran mis hermanas, mi vieja me retaría por comer como un cerdo y después me traería un té con leche con tostadas y nos pasaríamos toda la mañana juntos. Me di cuenta que algo andaba mal cuando no me grito, cuando no empezó a echarme la culpa. Nunca supe que tenía, pero ella se quedo ahí, en el pasillo donde yo dormía día y noche. Las cosas no andaban muy bien. En medio del delirio de la fiebre, podía escuchar a mi hermana Lili haciéndose cargo de las más chicas. Mi vieja no se movía de mi lado. Estaba tapada de remedios, botellas de agua, termómetro, toalla húmeda, tazas, hielo, té. Todo listo para atenderme al menor movimiento de mi mano. Todavía me acuerdo saber que, pase lo que pase ella estaba conmigo. Me acuerdo de las dos cucharadas de ese remedio horrible que tenía que tomar antes de dormir, que pasaban por mi boca, lengua y garganta solo porque tenían el gusto del verdadero amor.
Gracias, Mimí.
Feliz día de la madre…
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¿Estará seguro Segura?
que lindo si se pudiera volver a vivir….que la pario mi mama se fue hace tan poco y la extraño tanto…sus fraces mas locas era ESTAS UN POCO GORDA, cuando hacias dieta “come que no sos un fenomeno” que linda mi vieja una genia