Por @PsicoDeFamosos.
No suelo hacer terapia de parejas. Es un campo que no me interesa desde un punto de vista estrictamente teórico. Si acepté tratar a Paula y Peter fue porque sé lo mucho que le gusta Peter a mi secretaria. Digamos que es una especie de inversión a corto plazo. Tengo una ganas tremendas de entrarle a mi secretaria. Y antes de cualquier partido, hay que mojar bien la cancha.
“¿De verdad, doctor?”. Mi secretaria no podía creerlo. Apenas le dije que formaría parte de una sesión con Peter y Paula se le empezó a afrutillar la camisa. “Tienen turno en un rato, así que preparate”. No pude evitar torcer la sonrisa cuando pronuncié ese “preparate”. Si todo salía según lo planeado, en algunas horas esa camisa estaría girando laxa en una de las paletas del ventilador de techo de mi consultorio.
“Mire, doctor. Estamos hartos de que los periodistas pongan en duda la realidad de nuestra relación”. Peter hablaba y mi secretaria no paraba de cambiar la posición de sus piernas. Cruzaba una, dudaba, cruzaba la otra. “Peter. Paula. Hay algo que tenemos que aceptar. Su relación nació como una ficción creada en el universo narrativo de Ideas del Sur. No deberían luchar contra esta premisa”. “Eso lo tenemos claro, eh. El tema es que hay algo más entre nosotros, doc”. La que hablaba ahora era Paula. Cómo me calienta, che.
“Ustedes bailan por un sueño. Les propongo analizar su baile interpretándolo como si fuera material onírico. Si hacemos conciente eso que ustedes creen que está ahí, latente, la relación va a ganar entidad en sus psiques”. No importaba nada lo que les decía. Con muy poco ya los tenía convencidos. “Ahora bailen que nosotros somos el jurado”. Noté una perla de sudor en el escote de mi secretaria y cierta presión subsecuente en la bragueta.
“El ritmo de hoy es Reggaeton”. Saqué mi notebook y puse un video de Reggaeton que busqué en Youtube. Paula y Peter comenzaron a bailar. Los ojos de mi secretaria explotaban en deseo cuando vio la entrepierna de Peter vibrando como un martillo hidráulico. Entre el perreo de Paula y el escote de mi secretaria, me empecé a dar cuenta de que esto de la terapia de parejas famosas no estaba nada mal.
“¡Escandaloso 10!”. Mi secretaria dejó escapar una risa nerviosa cuando se le acercó Peter a darle un beso por la nota que le había puesto. Yo no fui tan benigno. “Chicos, noté algo de pose en el baile. Quiero decir, el perreo estuvo bien, pero no sé si me lo creí”. “Doc, por favor, ¡si nosotros nos amamos!”. “No digo que no. Digo que no sé si me creí el fuego entre sus pelvis. Pero es muy temprano para cualquier diagnóstico. Agenden una nueva sesión con mi secretaria y lo seguiremos analizando”.

Ilustraciones Adrian Karpenkopf . @addrox
Me paré y los acompañé hasta la puerta. Mi secretaria estaba radiante. La agarré del brazo y le susurré en el oído: “Coordiná una nueva sesión la semana que viene con Paula y Peter y después vení que te quiero mostrar algo”. Estaba a punto caramelo. Minutos después, cuando escuché el ruido de la puerta cerrándose, miré inmediatamente al techo. No faltaba mucho para que la camisa de la secretaria colgara en una de las paletas del ventilador.
NOTA: Historias de locuras para meterse en la bombacha o el calzón de alguien hay muchas. ¿Tienen alguna para compartir, che?
« Volver atrás


¿Elvis está vivo?
Ayyy Dr. como nos vamos a exponer de esa manera?
Ahora a confesion de partes, el trabajo es un lindo lugar para meterse en el calzon del compañerito…jeje y mas cuando es secreto…ufffffff