Por @PsicoDeFamosos.
Sentada en el diván parecía una señora. El pelo rubio, la piernas cruzadas bien flacas, el rictus en sus labios… ¿dónde estaba ese fuego abrasador que tanto me calentaba? Viviana ya no es lo que era. “¿Entiende lo que me pasa, doctor?“.
Desde hacía un tiempo que Viviana había decidido emprender un camino de represión salvaje del ello para teñir su pelo de un rubio superyoico que la acercaba más a la revista HOLA que a la lista de mujeres con las que me suelo cascar. “Lo que necesitás, Viviana, es eyacular el mal que llevás dentro“.
Vivi se tapó la boca como espantada. “Perdón, Viviana. Es el término científico. Quiero decir, es un término que acuñé para una de mis teorías“. Habiéndola dejado más tranquila con la explicación, seguí. “¿Conocés el pentagrama satanista? Lo loco es que en esta figura entra perfecta la cara de un macho cabrío“.
“Perdón… ¿pero eso qué tiene que ver con mi problema, doctor?” La amabilidad con la que me hizo la pregunta me desconcertó. Si ya la tenía medio boba, esto me la engomaba aún más. “Tu transformación puede leerse como un salto fuera de ese pentagrama satanista. De una mujer con el pelo rojo furioso y una lengua que daba miedo, te convertiste en esta otra cosa que transpira una pureza artificial. Haberte escapado de ese pentagrama simbólico no te hace nada bien, che“.
Vivi parecía pensativa. “El tratamiento no es compicado. Necesitás recuperar el balance“. Agarré mi agenda y le describí uno de los tantos ejercicios posibles para la eyaculación del mal. “Pedite una suprema a la Maryland en un restorán y devolvele el plato al mozo. Pero antes de devolverlo, lo llamás, le decís que la salsa está mal y para probárselo mojás la banana en el choclo y te la metés lentamente en la boca. La clave del ejercicio es hacer eye contact todo el tiempo con el mozo mientras te comés la banana“.
Ilustraciones Adrian Karpenkopf . @addrox
“¿Y eso para qué, doctor?” El pelo falsamente rubio parecía ralentizar sus conexiones sinápticas. “El mozo va a tener tal erección que le costará muchísimo seguir trabajando sin que nadie note el pliegue en su pantalón“. Viviana soltó una risita esperanzadora y prometió hacer alguno de estos ejercicios de eyaculación del mal. Pero no sé, al despedirnos seguía exudando esa falsa bondad que me la bajaba groso.
No importa. Todavía es fuerte el recuerdo de la colorada femme fatale y su lengua ponzoñosa que tanto me calientan. Esta imagen me acompaña en momentos en los que mi psicoanálisis no es más que otra de las teoría blandas que andan dando vueltas por ahí y con eso me alcanza.
NOTA: Una de las cosas sobre las que más disfruto escribir es sobre estos ejercicios de eyaculación del mal (pequeños orgasmos de maldad que duran unos segundos y no le hacen mal a nadie). ¿Se les ocurre alguno que pueda agregar a mi lista? ¡Anímense que los discutimos entre todos!
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Porcelito escupió mierda y la televisión basura se volvió más sucia que nunca
Sinceramente ahora no me la bano ,antes era mas piola,hoy con 41 años se hace la pendeja,que es eso de sentarse con las patas abiertas arriba del escritio y mostrar las tetas jajaja esta bien es linda,pero a las 17 hs no da!
Dejalo para salir o para la intimidad,la verdad no entiendo los cambios de estos personajes se ponen grandes y bobos jajaja