Por @PsicoDeFamosos.
No lo podía creer. Acostado en el diván, nada menos que el Diegote estiraba las patas y se acomodaba con displicencia la zona inguinal. “Doctor, estaba ahí, ¿entiende? Salté, metí el gol con la mano y ahí nomás salimos campeones. Levanté la copa pero no sé, estaba llena de venas”. Más allá de la confesión, había algo en el relato del sueño de Diego que me molestaba profundamente y no llegaba a ver bien qué.
La semana pasada logré que Maravilla me cagara a trompadas. Con el ojo morado y exagerando la dificultad para hablar, conseguí que la secretaria me cuidara. Media hora más tarde, la secretaria estaba en cuatro sosteniéndose con las dos manos de la pileta del baño y yo me miraba en el espejo mientras un hilo de baba caía en su espalda sin llegar nunca a cortarse.
Después de esta única vez, la secretaria no quiso saber más nada. Decía que había sido un error, que estaba mal con el novio y ahora ya no, que se había confundido y no sé qué otra sarta de excusas para explicar el polvazo que nos echamos. Sus palabras me deprimieron profundamente y me masturbé toda la semana sin dejar de sentir un segundo un vacío que me tenía al borde del llanto.
El relato de Diegote había revuelto alguno de estos sentimientos. La interpretación del sueño no era difícil de imaginar. “Diego, es claro que el embarazo de Verónica y los dichos de Junior afectaron tus noches. En tu sueño, la Copa del Mundo es un trofeo que representa la masturbación. Por eso la copa con venas, la concentración de sangre, la erección. Y el gol con la mano es la verdadera mano de Dios, la que se echa una para el campeonato”.
Ilustraciones Adrian Karpenkopf . @addrox
Diego me miró y empezó a reírse. No me creía. “Escuchame, Diego. Las relaciones con el sexo opuesto son complicadas. La masturbación es mucho más sencilla. La masturbación no pide nada a cambio, no hay ADN de por medio porque a nadie le interesa un lamparón en una media, un pañuelito o un calzón viejo. En cambio, con las mujeres es distinto. Complican todo, papá”. Diego se levantó, se quedó señalándome durante dos o tres segundos sin decidirse a hablar y finalmente me mandó a la puta que me parió.
Una vez solo en la oficina, me saqué los pantalones, el calzón y los tiré por ahí. También me saqué una media y la apoyé en el brazo del sillón, bien al alcance de la mano. Con una angustia que crecía en el pecho, pensé que no hay nadie que de chico no soñara con la copa del mundo y salir campeón.
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Toda la verdad sobre por qué Gastón Soffritti jamás será un actor porno
Jajaja Genial la interpretacion de la copa! Si bien nunca comento sus post Psico, sepa q me divierten mucho! Al fin se garchoteo a la secretaria!
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