Por @llorodfelicidad.
Voy caminando por la calle. Me suena el teléfono. Faltan solo un par de horas para mi cumpleaños, no sería raro que alguien anticipe su saludo. Miro el móvil, es “llamada oculta”. Ok, la cosa se pone interesante: o es del exterior (mis viejos están afuera) o alguien que, a priori, no quiere que sepa quien es: ex novia y amigo lejano son las dos opciones que barajo primero.
Venga, atiendo. “Hola, ¿Esteban Menis?” SÍ, lamentablemente sí debo responder. “Mi nombre es María y te llamo de Cablevisión”. Silencio. Silencio. Silencio. No respondo, no respiro, espero la reacción del enemigo.
Me encanta desbaratar planes de venta, invasiones extranjeras a mis ya agitadas aguas. Quiero saber todo sobre María: quién es, cuánto pesa, qué compró ayer en el supermercado, si es feliz (¿será feliz María?). Pretendo, en definitiva, romper el lazo que nos une para reinventarnos, darnos la tan mentada “second chance”. Pero no sé si podré: yo no hablo, ella no habla; no está seteada para el silencio, desconoce esa operación: cuando le dieron el protocolo, aquella fría mañana de mayo, sintió pena por lo que presentía un trabajo nefasto, ajeno a su creciente deseo por meterse en la facultad para estudiar “alimentos”. Ni ella pudo ni Román (su novio, quien sino) quiso. “Es al pedo, hagamos unos mangos y nos vamos de Varela” le sugirió, con esa risa tan extraña a las que nos tiene acostumbrados Román. “Pero a mi me gusta”, contestó María, pensando “cuánto falta para que empecemos a pelear”. Y él, categórico, cerró con “hacé lo que quieras”. Listo, punto final. María no es la excepción al “hace lo que quieras que termina por cerrar la chance de hacerlo”. El resto es historia: su prima Yeila le dijo del trabajo, que “pagan poco pero que algo es algo“. Y ese frío mayo María entró al infierno. La pila enorme de papeles golpeó seco contra su box, su superior marcó con una bic rota un punto y dijo “de acá hasta acá son tuyos”. María asintió, tomó el auricular con micrófono incluído (tardó, porque se lo enganchó en el pelo un buen rato, nerviosa, rápido, que nadie me vea, qué imbécil, así no) y por fin leyó. Marcó, sonó y atendió. Pero del otro lado el cliente no respondía. Qué hable él. Qué hable él. Qué hable él. Pero nunca, never, jamás, aquello sucedió.
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Maria llega a su casa y le dice a Román que esta con una zopapa en el baño que hoy llamo al tipo mas raro del mundo que no sabe porque la gente no le facilita las cosas para poder hacer su trabajo que porque su prima Yeila la próxima vez no se mete el trabajo en la oreja :-S