Por @NatiCarcavallo.
Ya nada es como era antes. ¡Y a Dios, Gracias!. La vida me sorprendió con un viaje a Italia y a Grecia, a mitad de año y sin familia. Melina, mi prima y mi compañera de tanta vida, que vive en Milán me esperaba para revivir las vacaciones de nuestras vidas, un verano.. hace más de 10 años en Buzios. Bien… Definitivamente esta década no pasó en vano.
Es cierto que me fui temerosa de no poder disfrutar, de no lograr seguir el ritmo de non-stop al que el viaje nos impulsaba y de que nada tuviese mucho sentido si no tenía a los de siempre cerca. Animarse generó cosas impensadas y volví plena y renovada después de darme cuenta que.. es cierto.. .. ya no somos los mismos.. y a Dios gracias que todos estos años nos han modificado.
¿Imaginate si nos divirtieran y nos llenaran de placer las mismas cosas que a los 20? ¡¡Seríamos todos unos ridículos!!
A veces uno tiene melancolía del pasado y siente que los años dorados ya no volverán. Que la adrenalina, la emoción, las mariposas en la panza y el “soy invencible” quedaron atrás. Yo creo que eso es un error. Las emociones y la intensidad siguen intactos en uno. Lo que cambian son las cosas que nos generan esas sensaciones de plenitud orgásmica.
Y muchas veces, invadidos de esta melancolía nos resistimos a probar cosas nuevas, nos da miedo e inseguridad.. y nos damos por dados. ¡Nos damos por dados con falsas creencias!. Si cambiamos las cosas que nos gustan.. ¿nos estamos perdiendo a nosotros mismos?
“Ya nada es como antes” pareciera una frase llena de melancolía. Bien. “Ya nada es como antes” es una frase que ahora, de regreso, festejo y quiero contagiarle a todo el que se me cruce.
Dos chicas solas en Europa.. paseando por ahí en pleno verano griego e italiano, generaron casi en todas las personas (menos en mi papá y en mi marido) el mismo comentario “Uy Dios, que peligro!! La van a romper, no van a dejar títere con cabeza”
Venía de repetidas maneras la clásica creencia de que el disfrute tenía que ver con tener alguna conquista de verano… sin compromiso.. sin nadie a quien rendirle cuentas.. cuando en realidad las cuentas nos las vamos rindiendo a nosotros mismos. Mi prima, sorprendida, no dejaba de decirme durante todo el viaje.. “Naty.. ¿qué te hicieron? ¡No mirás más chicos!” “¿Viste ese Tano? ¿Acabás de ver a ese pequeño Dios que nos pasó por al lado?”. ”No…” respondía yo.. “¿a quién? ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Dónde?“.
No me pasaba nada….Estaba conectada con otra cosa. Mi líbido se focalizada en descubrir rincones de ciudades, en el arte movilizador, en el gusto de la rúcula y el tomate y en las vidrieras de zapatos, por supuesto.
Me dejaba atravesar el cuerpo por las experiencias nuevas que se sucedían sin darme tiempo para procesar tanta emoción.
¿Hombres? ¿Qué hombres? Los únicos hombres desnudos que ví fueron los del Museo del Vaticano y las estatuas magnìficas de la Plaza de la Señoría en Florencia. Suficiente.
Cuando volví fue la pregunta pícara de muchos “¿A cuántos?“: ”¡A Ninguno!!“. Y casi había en todos una mirada de incredulidad y hasta de decepción. ¿Es esa la fantasía? ¿Irse sola a Europa a tener historias por ahí? Podría haberlo sido en otra etapa de la vida… Ahora estoy casada.. no castrada.. pero me descubrí plena, a mis 33, movilizada por otras cosas….
¿Le tenemos miedo a que las cosas cambien? ¿Nos debería seguir gustando lo mismo a lo largo de los años para reafirmarnos que no nos perdimos a nosotros mismos? No.
Es energizante crecer y descubrir que seguís sintiendo emociones intensas.. pero son nuevas cosas las que te movilizan. Lo vivido esta bien vivido. Quedarse repitiendo las mismas aventuras por las certezas de saber como movernos… justamente.. no nos aventura a nada nuevo.
Hay que tratar de ser valiente y experimentarse a uno mismo. Creemos que nos conocemos. Que sabemos exactamente lo que nos gusta y lo que no. Estancados en eso es realmente cuando construimos una vida cotidiana gris y previsible.
Yo descubrí que podía volver a dormir 4 horas, a caminar todo el día.. y estar bien… Me di cuenta que amo a los mios en libertad. Que puedo recordar a los que quedaron con alegría.. que me acompañaron en todo el viaje.. que los tuve en mis pensamientos pero no los extrañé, porque sabía que sin dudas, ellos estaban y me esperaban.
Que ni la amistad, ni la maternidad, ni la pareja ni el trabajo se iban a poner en cuestión por la ausencia.
Fue un placer irme y fue un placer de volver.
Hoy, definitivamente, son otras las certezas las que me vuelven mujer.
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Sueño con hacer un viaje así, seis meses, un año. Me animo a hacerlo sola.
Lamentablemente las posibilidades no se dan y a veces es una frustración grande cuando es algo que uno realmente desea.
A veces a los 20 tampoco se puede lograr todo, hay estudio, trabajo…pero igual las posibilidades son casi nulas. Es un poco triste, pero bueno…..aun así disfruto cuando alguien tiene esta posibilidad y puede compartirlo.
Besos!!