Sol Esloveno.
05/10/2012

Por @dardotrento.

Sabíamos que Italia y Grecia serian los dos países más complicados para hacer autostop. Ahora, estábamos en Italia. Ingo, escéptico sobre hacer dedo, prefería tomar un bus. Pero por ser feriado, no había ninguno hacia Koper. Así que nuestra única chance eran nuestros pulgares. Desde las afueras de Muggia, nuestros dedos asomábanse a un camino costero que la unía con Eslovenia, para ser ignorados por los italianos en sus autos de alta gama que escapaban del Ferragosto. Sólo 30 kilómetros separan a Trst (nombre esloveno de Trieste) de Capodistria (nombre italiano de Koper), pero en pleno verano a mediodía, caminarlos sería un infierno.

 

 

Luego de un par de horas de desesperanza, el primer auto medio pelo que pasó, paró por nosotros. Una pareja hippona alemana de Leipzig, que iban en auto hacia el sur pero no sabían exactamente a donde, en una rural donde dormían, y la cual tuvieron que reacomodar un par de minutos para darnos espacio, fueron nuestros salvadores y los primeros en romper mi prejuicio de que ningún alemán iba a parar por nosotros durante el viaje. Josefina y su novio eran muy simpáticos y nos dejaron en la estación de buses de Koper, donde nos esperaba Lara, nuestra host de Couchsurfing.

 

Lara, una chica eslovena muy simpática y que al igual que Giorgio, hablaba español. Nos recibió a pesar de que un tío suyo había fallecido el día anterior y al siguiente tenían que ir al funeral a Italia. Junto a ella recorrimos la hermosa ciudad de Koper, que estaba absolutamente vacía para ser verano, ya que con el feriado toda la gente aprovechaba de ir a lugares más lejanos. Ingo necesitaba comprarse algo para un dolor que tenía creo que en la garganta, pero las farmacias estaban cerradas. Descubrimos que la ciudad de Koper tiene la segunda bandera más hermosa del mundo, aunque su Sol tiene una expresión extraña, por lo que yo me seguía sintiendo en casa; antes por haber estado en Italia –la nona patria-, ahora porque veía la bandera Argentina flamear en todas partes. Bueno, no exactamente la bandera argentina, pero sentía como si fuera cuando a algún juguete de un superhéroe hecho en china le cambian los colores y hacen por ejemplo a Spiderman todo amarillo; bueh, algo así había pasado con la bandera de Koper; habían encargado unas banderas argentinas y los chinos le pifiaron con un color y con el ingenio criollo se consiguió venderlas a los eslovenos para no tener pérdidas y tarán tarán, nació la bandera de Koper.

 

 

Lara nos llevó a comer ćevapčići, la comida típica de todos los países de la ex-Yugoslavia, que consiste en unos pequeños choricitos de carne vacuna molida, a la parrilla y acompañados usualmente de cebolla, papas fritas, ajvar –una deliciosa salsa de morrones también típica de la ex-Yu-, y lechuga o tomate. Estaban estupendos, al igual que el trago que nos presentó; Borovnica, un licor típico y exclusivo de Eslovenia, hecho a base de arándanos, y extremadamente delicioso.

 

 

Otra cosa que me fascinó fue ver en ese bar que las botellas de otros clientes, portaban el símbolo de la cerveza Gösser. Como deben saber, la cerveza Gösser es originaria de mi ciudad, Leoben, y es probablemente la única cosa buena que ha salido de ésta –fuera de Gösser, Leoben es sólo reconocida por las altos índices de adicción a las drogas, de desempleo, y (¡algo bueno!) tener la prisión más agradable de Europa con una de las vistas más mágicas, de las montañas estirias.

 

 

De todas formas, ver esta cerveza fuera de Austria me llenó por primera vez con un sentimiento de orgullo sobre mi pueblo natal. Lamentablemente (?) nunca he tenido la oportunidad de disfrutar nuestra encantadora cárcel, pero al menos sí he tenido en muchas ocasiones la chance de asegurarme que Gösser es verdaderamente la mejor cerveza del mundo (tal y como la publicidad me ha enseñado desde que puedo leer y hablar). Así fue que colmado en orgullo, y tras el primer sorbo de esta cerveza incomparable, les quería mostrar a todos en la etiqueta, el lugar de nacimiento de esta maravillosa cerveza, que de casualidad es también mi lugar de nacimiento, y cuya fábrica está a menos de 5 cuadras de mi hogar, bañando así siempre mi infancia con aroma a cebada. Pero para mi gran sorpresa, no pude encontrar el usualmente sentimental “abgefüllt in Leoben 8700” (envasada en Leoben y el código postal) –del que tan orgulloso me sentía-, en vez, sólo encontré la fría oración “embotellada en Linz” –otra horrible pero más grande ciudad en Austria-. Los sentimientos eran varios y borrosos pero predominaba la incredulidad, la furia, la decepción. Hasta este momento, todavía creo que un horrible error, o una conspiración llevaba a cabo por los Linzeños, ha llevado a esta inaceptable injusticia. Y por eso prometo a todos mis camaradas leobenenses que apenas vuelva a Austria, haré todo para devolver el buen nombre de Leoben a la etiqueta de la mejor cerveza del mundo, para que los leobenenses podamos estar orgullosos de al menos una cosa… y bueno, quizás también de la prisión.

 

Lara tuvo que dejarnos para preparse para ir a Italia al día siguiente, por lo que nos entregó las llaves de donde nos quedaríamos. En el medio del corazón de la ciudad vieja de Koper, entre casas centenarias y pasajes laberínticos, estaba nuestro couch, que esta vez, más que sillón, era una casa entera. La familia de Lara había vivido ahí toda su vida hasta que hace unos años se mudaron a las afueras de la ciudad y desde entonces la casa antigua de tres pisos quedó sin uso fijo, alquilada a algunos estudiantes de vez en cuando, pero vacía todo el verano y semi-abandonada, ahora experimentando nuestra presencia.

 

 

Ingo no podía esperar a que fuera mañana, para que se acabara el feriado y pudiera ir a comprar sus urgentes medicinas. Pero el otro motivo por el que Ingo no podía esperar a que fuera mañana estaba más relacionado con el temor de que algún fantasma merodeara los pasillos de esta casa centenaria de tres pisos, escaleras de madera, patio enmalezado y silencio abrumador. Luego de fijarse 3 veces que todas las ventanas y puertas estuvieran bien cerradas, pudo encontrar el sueño (eso sí, luego de que Diego le prendiera la luz del pasillo para que pudiera salir del baño hacia la pieza sin problema) y encarar el día siguiente.

 

Se despertó temprano y fue hacia la farmacia que quedaba en la plaza principal, a 2 cuadras de la casa de Lara. La hora que Diego se quedó esperándolo en la puerta dio a entender que su reconocido sentido de orientación había tenido alguna falla –probablemente causada por el malestar gargantivo- así que caminando una cuadra lejos, lo encontré merodeando mientras le mostraba a las personas la foto que había sacado con su celular de la casa para ver si sabían dónde estaba.

 

 

El precavido Ingo había también comprado provisiones, sumando a nuestras mochilotas el placer de cargar con una bolsa de papel llena de botellas, latas de atún, ajvar y pan. Así, con la bolsa de compras y nuestras mochilas, tratamos de ir a las afueras de Koper, pero salir de la ciudad era imposible. En estas zonas de Europa, está prohibido hacer autostop en las autopistas, por lo que teníamos que agarrar un camino interior que nos llevaba un poco al norte, para luego bajar nuevamente y evitar las antipáticas rutas istrianas llenas de turistas.

 

Pero horas de espera no daban fruto –acompañadas además de cambios de posiciones, de rutas, de personas que nos decían que era mejor esa ruta, la otra, la quinta y la octava-, por lo que nos fuimos a una estación de servicio a probar suerte. Entre medio de las familias alemanas, checas, tanas, estonias y austriacas, encontramos una pareja, Valter y su novia, que iba a Pula –una de nuestras destinaciones iniciales que terminamos descartando-, por lo que nos podían acercar a Rijeka, aunque esto significaría experimentar las rutas de Istria nuevamente. Valter era mitad croata mitad esloveno y trabajaba en Ljubljana, de donde por trabajar en el ambiente musical (ingeniero de sonido), conocía a Dzoni*.

Flashback Esloveno:

Abusando de las posibilidades literarias (y en contracorriente a Ingo, quien fuertemente cree en las unidades aristotélicas), volvemos en el tiempo aproximadamente 2 semanas; los días anteriores al auto-secuestro en la granja croata.

Diego, luego de haber sido echado de su departamento en Viena, había aprovechado su sintechidad austriaca para ir a ser voluntario en el Festival Exit en Novi Sad (que llevado a cabo en una fortaleza medieval frente al Danubio, es una experiencia que tienen que experimentar alguna vez), seguido luego de 2 semanas de voluntariado en su antiguo lugar de trabajo, YFU Serbia, en Belgrado.

Mientras tanto, Ingo disfrutaba de excursiones por las montañas de su segundo hogar, Carintia, donde también sufrió experiencias de vida o muerte, como una tormenta eléctrica en medio de las colinas, la amenaza mediática constante de la presencia de un oso sediento, y una endoscopia.

Nos juntábamos el primero de Agosto en Ljubljana, la capital de Eslovenia, desde la cual iríamos a dedo a Umag, el pueblo donde empezaría nuestro voluntariado campesino.

Diego llegó a dedo desde Belgrado, en un largo día que recorrió los 533 kilómetros que separan a las capitales que en un momento supieron ser ciudades de un mismo país. Fue difícil salir de Belgrado, hasta que una pareja polaca me rescató, me dejó en el desierto entre la frontera serbocroata y Slavonski Brod, de donde un camionero croata me rescató, me dejó en la noche a las afueras de Zagreb, de donde un trabajador bosnio que vivía en Suiza me rescató, me dejó abandonado en la carretera a las afueras de Ljubljana a medianoche, de donde caminando buscando el Dolgi Most, Dzoni me rescató*. Dzoni es un músico que tiene dos bandas; Noctiferia y Leni Kravac; una metal (que había tocado en Exit) y otra de música balcánica. Mi chofer músico fue extremadamente amable al ayudarme a encontrar el lugar de reunión con mi host de la noche, Tadeja. Tadeja y su compañero de departamento Aljosa, también fueron extremadamente amables, quedándose despiertos hasta las 2 de la mañana para esperarme, cocinando sólo para mi a esas altas horas de la noche, y compartiendo tiempo conmigo a pesar de tener que levantarse a las 6 de la mañana a la mañana siguiente.

El tren de Ingo llegó un poco tarde, y luego fuimos al lugar de Ljubljana –justamente en el Dolgi Most- donde se hace dedo para ir a la costa eslovena. Para nuestro desencanto, no sólo mi mochila se había roto, si no que también había un jipi ocupando el lugar de autostop. Y por cortesía mochilera, teníamos que esperar que él consiguiera algo, para nosotros tomar el lugar. Pero el señorito, ¡rompía tantos códigos mochileros! Para nuestras mentes vienesas bien acostumbradas a lo correcto y lo limpio, este muchacho con barba de meses rompía la ley de ir con barba ordenada (o directamente sin), con gorrita rompía el código de hacer dedo sin gorro, con lentes de sol rompía el ordenamiento de hacer contacto visual con los choferes, y con su vibra, tipo nada, no daba.

Una hora, una hora nos tuvo el caballero de los dreadlocks de un metro sentados bajo un árbol esperando nuestro turno, hasta que justamente, luego de esa hora nuestro turno llegó. No tuvimos que esperar más de literalmente un segundo, para que una camioneta blanca parara por nosotros. Valentina. Iba a su pueblo natal, Lucija, muy cerca de la frontera con Croacia. Pero Valentina era un ángel enviado por las divinidades. Nos llevó a visitar, casi cada pueblo de la costa eslovena –que se extiende por sólo 47 kilómetros-. Nos llevó al hermoso poblado de Isola (que, solía ser una isla), dimos un paseo por el ensueñado pueblo de Pirán, donde tomamos un café, y cenamos juntos exquisitas obtenciones del mar en la Mar del Plata eslovena, Portoroz. De Porto Rosso, nos llevó a su pueblo natal, Lucija, donde persiste uno de los pocos campos de sal del mundo de los cuales se obtiene sal tal y como se hacía hace más de 7 siglos, evaporando agua de mar. Era tarde, y luego, abusando de la palabra generosidad, cruzó la frontera a Croacia por nosotros, dejándonos en la puerta de la granja escondida que nos tomó algo de tiempo encontrar, donde haríamos nuestro WWOOFing.

Huyendo de Istria:

 

Una de las cosas curiosas y divertidas de ser argentino y pasear por Europa (y una de las que más disfruto), es al hablar con la gente y buscar como están relacionados con Argentina y oír sus historias. La típica; su tío abuelo emigró a Argentina y tienen familia lejana. En el caso de Valter, su jefe era argentino hijo de inmigrantes eslovenos allá (Argentina tiene una de las comunidades de eslovenos más importante del mundo) que se vino a Eslovenia durante la dictadura. Valter y su novia eslovena nos dejaron a las afueras de Rovinj, donde el sol croata con sus 40 grados nos seducía en volver a nuestra playa favorita hasta ahora. Pero fue entonces que Dios envió un Serafín que iba hacia Zagreb, a nuestro rescate.

 

 

Con mi conocimiento intermedio de serbocroata, conseguimos charlar. Lo primero que hicimos fue decirle muchas gracias por habernos recogido. Serafín dijo no, no me tienen que agradecer a mí, tienen que agradecer a Él, apuntando al Jesús del rosario que colgaba del retrovisor. En el motañoso camino de Rijeka a Zagreb, experimentamos la primera lluvia en semanas, y probablemente una de las últimas por un largo rato. Serafín nos dejó en la intersección de la ruta a Zagreb y la que baja a Dalmacia, nuestro tercer y siguiente destino.

« Volver atrás

13 comentarios para Sol Esloveno.

  1. Mónica dice:

    Me asombra y maravilla que la generosidad exista… que los levanten en la ruta, los alberguen en sus casas, les muestren sus ciudades y paisajes, compartan su historia…. Como el sol de nuestras banderas, la bondad nos entibia y porteje los días y sus afanes!!!

  2. Belen dice:

    Que lindas aventuras!! Quiero viajar!! Este verano me encantaría conocer el norte… Pero si me tuviera que elegir un solo lugar, porque vos regalas un viaje, por ejemplo, no sabria… Quiero ir a tanto lados!

    DNI 619

  3. Valeria Kocar dice:

    me quedé pensado… ahora quiero ir!!quiero quiero quieroooo… creo q voy a tener que hacer relaciones públicas con mi stara mama para conseguir el pasaje jajaja

  4. Valeria Kocar dice:

    Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! los ćevapčići son lo más!!!!!!!!!!!la comida típica es mooy buena!!! mis abuelos son nacidos en Eslovenia así que leer este artículo fue un placer y me sacó una sonrisaa!!!
    :) :) :)

  5. Esteban dice:

    Hola RONNIEEE

    POR EL concurso!!! DNI: 369

  6. Anita Rojas dice:

    q lindo,,,yo nunca viaje a ningún lado,,,por ahí con suerte vaya a visitar a mi hermana y sobrinis q se fueron a Salta…..
    DNI 750

  7. Eva dice:

    me emocione y colgue con el dni 591,jaj

  8. Eva dice:

    q bueno ojala algun dia,pueda tener una aventura de esas.. la afortunada de estar en Italia fue mi hna y por lo q vi en las fotos es hermoso!! ojala pueda conocer mi tierra ancestra siciliana

  9. Impresionante aventura, lindo poder viajar, mi familia toda es italiana. Muy arriesgado subir a un auto y trasladarse con desconocidos ,personalmente no lo hubiera heho, pero seguro me hubiera perdido semejante vivencia….. (dni 118)

  10. alejandra dice:

    Que lindo!! Ojalá algún día pueda disfrutar de eso. Hasta ahora no crucé la gral paz!! jajaja
    Mi DNI termina en 553, quiero el micro para mi mamucha!

  11. Soledad dice:

    La verdad que me encantaria vivir en persona semejante aventura.
    DNI: 392

Dejá tu comentario

(*) los campos son requeridos