Muerte y Separación.
29/08/2012

Por @dardotrento.

 

El “ascenso” del trailer donde dormimos las primeras noches, a la habitación en la casa se vio acompañado por un cambio en las tareas; la recolección de heno fue reemplazada por la poda de los viñedos. Sacar y sacar los millones de “saperak”; las ramas que crecen entre la rama principal y las hojas. Así empezaron a ser nuestras mañanas y noches, horas y horas dando vueltas en los viñedos sacando los saperak, saperak, saperak.

 

 

La gripe terminó forzando tomar reposo a Diego, el mismo día que el Señor Mayer falleció. El Herr Mayer era el único ganso de la granja, tenía 18 años y era una leyenda del pueblo. No sólo había salido en todas las fotos que la prensa había hecho sobre esta inusual granja orgánica que tenía siempre voluntarios extranjeros, si no que aterrorizaba a todos los vehículos y peatones que pasaban por la calle de la casa. Las cosas fueron escalando hasta que los ataques a las sandías de los vecinos forzaron a la familia a encerrar al ganso Mayer con los patos.

Ingo se dirigía a alimentar a los plumíferos, luego de haber alimentado las vacas, pollos y chanchos, cuando se encontró con el cadáver ojiceleste del señor ganso. Ese día en la cena, hubo un silencio frío como todas las noches en la cena, aunque podríamos relacionar el de esta ocasión con el de la súbita muerte ansericultural.

 

Sin embargo, era justamente un relacionamiento forzado. Al otro día, la familia todavía no se hacía cargo del muerto, que yacía mirando el cielo al lado del estanque de los patos. Ingo desesperaba. En cualquier momento, bajo este sol istriano, iba a empezar a apestar, atraer zorros, y hacer las tres-veces-al-día alimentación de los patos bastante desagradable.

Pero la familia seguía relajada teniendo el cadáver tirado. Así fue que Ingo se puso los pantalones y les dijo que había que hacer algo con el cadáver.

Pero cuando la familia le dijo a Ingo que entonces le tocaba a él hacer un agujero y enterrarlo, los pantalones ya le empezaron a quedar grandes. Luego de lamentarse la mitad del día de que le tocaba enterrar el ganso, llegó a la tarde el momento de hacerlo. No había palas, sólo picos, y pidió a Diego compañía, apoyo moral y ánimo para realizar el entierro que le daba un poco de miedo llevar a cabo. Fue entonces, que ya con el sol escondido y la noche llegando, la sequía de 7 meses decidió llorar junto a nosotros la muerte del patrón de Sverki.

Así la lluvia torrencial nos acompañaba mientras descubríamos que bajo ese suelo sólo había rocas, rocas, pero también un poco de rocas.

Tras unos 10 minutos de darle y darle a la roca, dimos por vencido el funeral. Hablamos con la patrona de la casa y llegamos a la conclusión que la mejor idea sería tirarlo en una pequeña quebrada que había entre el campo de lavandas y unos viñedos. Metimos el cuerpo en una caja de cartón, pero Ingo el teólogo sentía que esta disposición del cuerpo no estaba a la altura del honor del señor Mayer. Fue entonces que decidió adornar la caja con hojas de higo, simbolizando el paraíso, y hojas de granada, simbolizando la resurrección.

Recordaba las palabras de Ingo, que decía que cuando falleció su abuelo, la enorme cantidad de personas en su funeral en un pueblo tan pequeño le hizo darse cuenta de lo buen hombre que había sido. En nuestra procesión, nos dimos cuenta que el pueblo de Sverki estaba sólo aliviado de la ida del ganso salvaje, al escoltar el entierro sólo nosotros, dos foráneos.

Esa noche, nos contaron más sobre el ganso. Su nombre venía de un amigo de la familia, que decía que la única persona tan antipática y malvada que había conocido era su antiguo profesor de matemáticas, el señor Mayer. Otra de sus gracias era ir a bañarse en el estanque para que las vacas tomen agua del vecino, atacando a las bovinas que osaran interrumpir su baño. Con estos recuerdos en mente fuimos a dormir en una de las últimas noches en la granja germanoeslovenocroata.

 

Partida:

En un relajado domingo finalmente conseguimos ir a Rovinj gracias a la generosidad y compasión de unos amigos croatas, Stjepan e Ivan

 

El lunes tomamos vuelo. Ingo antes fue a despedirse de su nuevo amor, el señor Chancho, o Herr Schwein en el idioma original.

En la alimentación diaria que Ingo daba al ganado, había desarrollado una gran conexión con los dos chanchos, el rosa y el negro, pero en especial con el negro, el único que mereció obtener un nombre. Sus hermosos ojos en los que alguien se podía enamorar, que al rascarle la espalda sacudía su cuerpo y bailaba al ritmo de Woki mit Deim Popo (la canción austriaca este año en Eurovision, traducida: “Sacudí el Culo“), y que era la mejor criatura en existencia en la tierra de Dios. Amable, oloroso, e inolvidable.

 

 

Salimos después de almuerzo a la ruta, hacia Buje, para ir a Trieste, de donde comenzaría la aventura. Sólo 30 kilómetros entre Umag e Italia, pasando por Eslovenia, parecía moco de pavo. Pero nos dimos cuenta que la aventura empezaba en realidad ese día. La primera sorpresa fue ver que en la principal autopista que va de Croacia a Eslovenia e Italia, estaba escrito gigante, “Prohibido hacer autostop”. Lo que nos empujó a un camino antiguo, alternativo y deshabitado, donde pasaban 5 autos cada 10 minutos, a hacer dedo sin esperanzas. 12 kilómetros nos separaban de Eslovenia, por lo que luego de 3 horas haciendo dedo sin suerte, decidimos caminar hacia la frontera. Diego agarró la bandera de Argentina y la colgó de su mochila, mientras a Ingo le dolía el pie, le pesaba la mochila, no podía seguir así hasta septiembre, relataba cuán mala idea era todo esto, que debíamos haber tomado el bus en Buje, hasta que luego de infinitos kilómetros de lamento, un pueblo asomaba en el horizonte. Un señor de corbata (inventadas en Croacia) grita, “¡Argentina!”

 

 

Su abuelo había vivido en Argentina, nos invitó dos cervezas, y sabía todo sobre los argentos. Nos habló de la guerra de las Malvinas, de la ayuda ilegal de Argentina a Croacia durante la guerra de los 90’s, sobre Perón, sobre Videla, sobre Kirchner, sobre Simón Bolivar, sobre los vinos blancos del norte y los tintos de Mendoza. Él era veterano de guerra, y nos contó que apenas a unos kilómetros de donde estábamos en Sverki, en Petrovia, era uno de los lugares donde supuestamente llegaban las armas de contrabando Argentinas y sudamericanas. Según Ingo estaba un poco borracho, y dos horas estuvimos hablando en una mezcla de croata, italiano, español, alemán e inglés. “El pueblo Argentino nunca estará en paz sin las Malvinas”, nos decía. “Ingleses… Piratas”, decía con tono intrigante. Uno de esos momentos donde uno verdaderamente se da cuenta que la realidad supera la ficción. Nos dió dos sanguches de mortadela para seguir camino hacia la frontera eslovena, a 3 kilómetros, a la que medios entonados de las dos cervezas cada uno tomamos empuje.

La noche ya llegaba y mientras caminabamos en el suelo croata, veíamos las luces de los pueblos eslovenos e italianos a lo lejos. En Trieste nos esperaba un anfitrión de Couchsurfing, mientras nos dabamos cuenta que ningún auto nos iba a tomar. En una ruta sin iluminación, pasábamos al lado de un cementerio iluminado con luces rojas diminutas en cada tumba, mientras Ingo rogaba que no hubieran lobos en el camino.

 

 

Así fue, que cruzamos a pie nuestra primera frontera. Salimos de Croacia y entramos a Eslovenia caminando en ojotas. En la fila para entrar a la Unión Europea, fuimos preguntando a todos los autos si nos podían llevar a Trieste. Un señor italiano, Marco, nos dijo que nos tomaba luego de que cruzaramos la frontera. Y como no tuvimos problema, eso hizo y nos trajo a Trieste, de la cual contaremos más en el próximo envío.

 

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7 comentarios para Muerte y Separación.

  1. Olivia dice:

    que genial toda esta aventura! hoy los descubri en la pagina de Ronnie….y no veo la hora de pasar al próximo capitulo!!!!!!! no sé en que andan o donde andan ahora pero ya me enterare mientras siga leyendo supongo!!!
    Gracias por compartir toda esta aventura a traves de ustedes!!!

  2. Ana María Elías de Balarino dice:

    muy emotiva la partida de la granja,recordarán al Sr Mayer entre lavandas y viñedos. Grande el Sr de corbata, por las cervezas y los sanguches. (están muy lindos ) Ahora en Triestre a pisar fuerte con las ojotas . Suerte !!! cuídense … y besos

  3. alfredo dice:

    muy bueno!!!…..y no era que Ingo le temía a todos los animales….se perdió de comer carne de ganso el mas rico de los plumíferos domésticos

  4. marta dice:

    Me olvidé de comentar algo…. que Ingo no le pegue tanto al Señor Chancho…. que agradezca que no tenía el genio del Señor Mayer, que si no….

  5. marta dice:

    No he parado de reirme…. y reirme de la ceremonia del Adios al señor Meyar y al Señor Chancho…. Por favor, no dejen de hacer cosas ridiculas… las disfrutamos mucho!!! adelante!!!

    ah… además, los queremos!!!

  6. griselda fernandez dice:

    Qué hermosas imágenes, qué aventureros afortunados, yo quisiera estar en el mismo camino. Mucha suerte!!

  7. ZOE dice:

    Y ACA SE RIA, A MOVER CULO …… ME ENCANTO ESPERO, EL PROXIMO ENVIO NO SE OLVIDEN… SUERTE…

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