Los Gogo boys. Go!
20/08/2012

Por @dardotrento.

Los Gogo boys irán desde Italia a Irán, cruzando así todos los Balcanes y Anatolia, pasando por el Caúcaso y mojándose en tres mares, el Adriático, el Negro y el Caspio.

Con los pulgares como medio de transporte, un presupuesto no mayor a 5 euros por día, y contando en la hospitalidad ajena para techo, descubriremos lugares nuevos, de los cuales buscaremos en todos una razón por la cual hay que visitarlos. Trataremos de ver los lugares con ayuda de locales y de no caer en las trampas turísticas, mostrando así rincones novedosos y curiosos, y no lo que se encuentra en cualquier guía turística.

 

 

El nombre del team, Gogo, viene a que sus miembros se conocieron bailando en las mesas de un bar stripper de Viena, cuando ambos trabajaban de Gogo boys para pagar sus estudios y adicción a las anfetaminas. Nada que ver con un acrónimo de los integrantes del equipo Ingo y Diego. Ingo es Austriaco, estudiante de teología, hipocondríaco y le tiene miedo a los cisnes, hipopótamos, sapos, tiburones, y un poco a los perros y conejos. Sin embargo, una de sus misiones en la vida es probar las carnes de todos los animales posibles (casi como si fuera una revancha). Diego es Argentino, estudiante de geografía, maniático de la limpieza y le tiene miedo a los lagos oscuros, cucarachas, arañas, e insectos en general. Su debilidad alimenticia son las aceitunas, el queso de cabra y el pistacho, por lo que esta travesía será casi un paraíso para su paladar.

La travesía empezó desde Italia, a mediados de Agosto, y terminará –según los planes- a finales de Septiembre en Europa Central. Los iremos actualizando en cada etapa, y esperamos que las historias los entretengan y otorgen nuevos horizontes en los que pensar la próxima vez que planeen sus vacaciones.

 

 

Preparación:

 

Ingo y Diego se encontraron el primero de Agosto en Ljubljana, la capital de Eslovenia, luego que Diego hubiera pasado 3 semanas haciendo trabajo voluntario en Serbia, e Ingo vagando por las montañas Carintias y yendo a doctores. De ahí, la idea era pasar 2 semanas siendo voluntarios en una granja orgánica en el norte de Croacia, para tener tiempo de organizar los pormenores del viaje y relajarse antes de empezar. Error:

 

 

La primera noche los encontró en un trailer, porque el cuarto que les habían prometido estaba ocupado, donde Diego agarró su primer resfrío que persiste a medida que se escribe este texto una semana después, y donde también los esperaban dos divinas arañas carnosas, generosas y veloces, que el valiente Ingo asesinó friamente y les permitió pasar la primera noche en la casa rodante tranquilos.

-Lo que sonaba como recolectar aceitunas, hornear pan y hacer quesos, rápidamente se convirtió en ir al campo a mediodía a recolectar fajos de pasto seco y paja, para subirlos a un tractor y luego armar montañas de heno. Quizás no suene tan terrible, pero los granjeros que estén leyendo esto sabrán entender lo que recolectar heno significa; picazón, ardor, picazón, y terminar con los antebrazos llenos de tajos que parecemos suicidas. En resumen, una paja tan grande que se podría hacer fajos con ella, que luego Ingo y yo colectaríamos y seguiríamos armando las montañas de paja que tanta paja dan, como un círculo vicioso inagotable.

Estando a 5 km del mar, pensábamos que esta experiencia serían unas 6 horas diarias de trabajo que serían gratificadas con baños relajantes en el Adriático y comidas caseras que nos harían sentir como en casa. Rápidamente descubrimos que las 6 horas coqueteaban con 12, que los 5 kilómetros eran 10, y que tomaban en bicicleta más de media hora en cada dirección -a través del desierto istriaco donde hace más de 7 meses que no llueve-. De todas formas, la comida de bienvenida fue mondongo con polenta, algo que yo pensaba que era un agasajo sólo Argentino.

Con el cuello quemado pasamos nuestras 4 primeras noches en el trailer; estábamos viviendo el sueño americano.

 

El arte de disfrutar:

El domingo era nuestro día libre, por lo que decidimos aprovecharlo al máximo. El plan era despertarnos temprano para ir hasta Rovinj –o Rovigno en italiano-, una de las ciudades más lindas del norte croata, en medio de la península Istria. Agarramos nuestras bicicletas y fuimos hasta la ruta, donde las dejamos escondidas en el bosque, y nos pusimos a hacer dedo para ir hacia Rovinj. El levantamiento de pulgar nos encontró al mediodía bajo los 38 grados, ya que algunas inclemencias relacionadas con almohadas y somnolencia no nos permitieron salir a las 8 como teníamos planeado.

Fue difícil encontrar el primer auto, pero luego de media hora lo logramos. Un panadero croata iba hacia Novigrad – Pueblo nuevo -, a dejar pan, y nos llevó hasta allí, unos 3 kilómetros. Ahora, sólo restaban 57. Desde Novigrad, a la media hora un señor italiano nos llevó hasta una localidad llamada Laguna Verde, desde donde luego un cocinero croata nos dejó en un pueblito llamado Funtana, a mitad de camino de Rovinj. Desde Funtana, la cosa dejó de ser ligera. Por más de hora y media, los turistas alemanes, austriacos, italianos, holandeses y eslovenos ignoraron nuestros dedos, lo que nos llevó a re-evaluar nuestros planes. Mucho pensar (o poco) nos llevó a concluir en que la mejor idea sería alquilar unas bicicletas e ir en bicicleta desde Furtuna a Rovinj, 35 kilómetros.

Lo que ignorábamos era que el camino de Furtuna a Rovinj son montañas, pendientes, lejos del mar y sin una gota de sombra. Deshidratados paramos en un localcito a la vera de la ruta. Le preguntamos al chico que allí laburaba cuánto faltaba para Rovinj –luego de una hora que llevábamos pedaleando-, a lo que nos responde 60 kilómetros. Yo sabía que estaba equivocado, pero para Ingo claramente los locales sabían más, por lo que empezó a brotar en él el hermoso sentimiento de la frustación. Y el del odio.

El chico nos dijo que si seguíamos un poco para adelante, íbamos a llegar al mar; al Limski Kanal. El Lim es un hermoso valle en medio de la península Istria, al que llegamos luego de pedalear por una hora más. Un mirador permitía admirar la grandeza y belleza del canal, al que suelen llamar fiordo, pero en realidad es una ría; un valle no labrado por un glaciar, si no de origen fluvial, donde el río es inundado por el mar que entra al valle. Sentados en el estacionamiento del mirador por media hora, empezamos a evaluar nuestras opciones. Siendo las 5 de la tarde, ir a Rovinj significaba pedalear una hora más como mínimo, por lo que consideramos lo más sensato simplemente bajar del mirador al fiordo y contemplar sus aguas cristalinas y luego volver a Funtana a devolver las bicicletas. Luego de 20 metros, descubrimos que el sendero que iba al canal estaba interrumpido por un grato gigante baño público para turistas al aire libre, cuya consistencia barrosa provocó arcadas en Ingo y un abrupto cambio de planes. Volver inmediatamente a Funtana.

 

 

Lo que esperábamos como nuestro primer día de playa y relajación, terminó siendo un día chupando sol en las rutas croatas, andando en bicicleta durante las horas más fuertes de sol, y cuyo climax fue tomarnos unos radlers (cerveza con limonada o jugo de frutas) en el estacionamiento de un supermercado poco antes de Funtana.

Hasta acá el tema ya iba suficientemente decepcionante, que no vale la pena describir detalladamente cómo siguió la tarde; desde no encontrar autos que nos llevaran de vuelta desde Funtana a Umag (donde trabajabamos), viéndonos forzados a tomar un taxi que nos cobró un ojo de la cara (para burlarse de nuestro presupuesto de €5 por día), incluyendo llegar al pueblo donde dejamos las bicicletas (San Lorenzo) con ganas de al menos, gratificarnos con una cena, pero encontrando todos los restoranes cerrados, contentándonos con unas pizzas en un restorán que parecía una mezcla de un restaurant de alguna ruta perdida del suroeste bonaerense con un fast food del lejano oeste, ambientado con música country mientras veíamos a Usain Bolt dejar atrás a Tyson Gay en Londres.

 

El lado bueno del horrible y decepcionante domingo, fue que luego, en nuestra travesía, sería más desafiante tener un día peor. Un entrenamiento a la paciencia y a las expectativas quebradas.

 

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7 comentarios para Los Gogo boys. Go!

  1. Grace de Monaco dice:

    Es una hermosa experiencia, pero para Uds tiene que ser un GRAN RELATO, cuenten, escriban, graben, piensen…….me resultan logros espectaculares. Vamos ahi con uds ¡

  2. marta dice:

    Estamos esperando novedades…. queremos saber cómo sigue el viaje!!! Suban otro post!!!!
    Besossssss

  3. ARIEL dice:

    chicos: interesante lectura, desde acá los alentamos.

  4. Laura Monserrat dice:

    Qué cansancio y qué calor he experimentado!!! Una lectura sumamente particular!!!
    Maravilloso tu relato.
    Besos

  5. alfredo dice:

    vamos hijo!!!….igual a tu madre en la habilidad para decidir siempre el camino mas largo y difícil….muy linda la narración….espero la próxima

  6. Veljko dice:

    Una gran sorpresa de ver a mi amigo Diego en la playa cerca de Rovinj. Quiza nos veramos otra vez en un otro lugar en el mundo :-D

    Mucha suerte y que nos mantengan informados.

  7. marta dice:

    Sigan adelante…. no decaigan…. jeje… Los queremos mucho!!!

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