Por @CarlitaCz.
El tema es que acabo de ser tía. Mi hermana no lo sabe pero me hizo el mejor regalo del mundo y se llama LOLA. Con esa cosita en brazos fue inevitable revivir el momento en que cada uno de mis bebés llegó a los míos. Y, además, fue inevitable comparar las experiencias entre la reina de mi hermana y la energúmena que aquí escribe: YO.
En todo caso … ¡Qué maravilla, cuánto amor, cuánta perfección!. Yo, que no creo nada, cuando veo un bebito recién nacido creo en Dios.
Cuando conocí a Lola, ella dormía plácida, con esa boquita con piquito, esos dedos largos y la ñata de pompón aplastadita. Los recién nacidos tienen todas sus partes pero no dominan ninguna y dan esa sensación de ser un cachorro de alguna especie intraestelar. Son unos bollitos tibios con olorcito a leche en el cogotito, una madejita que se te enrolla en el pecho cuando los alzás. Yo sé que es raro escucharme hablar con ternura, pero les juro que no estoy padeciendo ningún cuadro psiquiátrico grave. Esta conchuda a veces se enternece.
Charlábamos con Juli en la habitación del sanatorio, en medio de su trance puérpero, y me contaba cómo había sido la internación, el parto y todas esas situaciones más bizarras que agradables, esos momentos que la adrenalina, el dolor y la peridural hacen que “recuerdes” casi como algo que te dijeron que pasó. Yo la escuchaba, rogando que ella no se angustie ni se deprima como me había pasado a mí. En fin, estaba esperando que me confiese algo que la avergüence de su performance de primeriza hasta que … ¡BUAAAAAA! Lola tenía hambre y mi hermana me dijo algo que me mató: “¿Sabés qué? Yo siento que nací para ESTO. Yo siento todo el tiempo que sé perfectamente cómo calmar a mi hija cuando llora” … MUTIS de mi parte. ¡Y les pido un fuerte aplauso para ella!
Lo mío fue todo lo opuesto con mi primer hijo. Yo no había sido “diseñada” para ESO y estaba totalmente segura de que no tenía ni puta idea de cómo calmarlo, porque no tenía ni la más remota pista de qué catzo le estaba pasando a ese bebé que me costaba reconocer como propio. Es la verdad. Yo pensé que… no, no pensé nada. No entendía nada. Era una estúpida o me sentía una estúpida, o las mujeres somos unas estúpidas porque nunca nos decimos la verdad. Y la verdad es que no es fácil, que para algunas es difícil y que muy pocas “nacieron para ESO”. Mi hermana a los 3 años sabía hacer dos cosas a la perfección: caminar con tacos y calmar un bebé. Yo a los 34, cuando nació Benja, todavía no había aprendido ninguna de la dos.
Cuando volvió a su casa con mi cuñado, que es lo más, nos mandó un mail a los más íntimos que, en uno de sus fragmentos, decía lo siguiente:
“Ya estamos en casa, aprendiendo a ver qué es todo esto, estar los 3 juntos sin que nos interrumpan cada 2 horas. Estamos muy felices, no se entiende nada pero está buenísimo a pesar de que los puntos tiran, que camino que doy pena, que las tetas duelen y por sobre todas las cosas, el amor que sentimos no se parece a ninguno. Lo que pasa es que Lola es tan hermosa que si no la estamos mirado, la estamos besando, adorando …¡que amor de locos!”
Y sí, un hijo es un amor de locos. Literalmente hablando, porque todo lo que sucede las primeras horas y los primeros días da más para salir corriendo que para amarlos con locura. Pero la naturaleza es sabia y te deja dormir poco para que andes medio pelotuda y no te quieras escapar, o que no puedas hacerlo. Y para rematarla, los hace tan pequeñitos, tan perfectos, tan encantadores que una no duerme por mirarlos, ¿o no?
Una, solo cuando está recién parida, registra lo hostil que puede ser el mundo exterior. Salir a la calle con un bebito de días es aterrador (ni que hablar de los puntos en la chucha o los de la cesárea): el ruido, el humo, los sacudones del auto que nunca antes registrabas, la sala de espera de tu obstetra con esa agente que habla fuerte o estornuda o tose cerca del bebé ( a esos hay que lincharlos y 3 metros es cerca, 8 también). Ni que hablar de tener que pasar al consultorio y dejarle la criaturita a tu vieja o a tu suegra: “¿Y si me necesita jussssssto ahora?” ¿Vieron que una se la pasa semanas yendo al baño con el bebé?. El mundo exterior es hostil. Todo te manda de vuelta a tu casa. La naturaleza más que sabia es guacha.
Creo que esta última semana llamé más a mi hermana que en los últimos dos años. Lo que pasa es que esa bebota de ojos celestes, claritos como dos lucecitas me tiene prendada. Una semana tiene, así que su única gracia es ser bebé, pero a mí me mata. Mi hermana la esperó tanto pero tanto, con tanto pero tanto amor, con tanta paciencia, dignidad y templanza, que verlas abrazadas te da paz. La cuestión es que después de pasar todo el sábado en su casa, teniendo a la pichoncita dormidita en mi pecho, me dio nostalgia de tener un bebé. Me olvidé de todo otra vez. Yo tengo dos varones y casi piso el palito de la trampa eterna de “La nenita”. La naturaleza es astuta, la muy turra y yo soy muy débil, pero otra vez no me agarran, ¿eh?. ¡Les aviso!. ¡Que no! Te digo, que no, NONONONONONO. ¡Basta de joder! Bajo la persiana y me voy. ¡DIORRR NO LO PERMITA!
« Volver atrás







hola
me mataste!!! En el buen sentido justito te encuentro y me encanto tu columna felicitaciones! Yo tengo dos niñas y gracias al maldito DIU (ese hijo d p****) espero el tercero!!!
Saludossssss!!!!!