Por @CarlitaCZ.
Hoy me despacho. Quiero hablar de esas cosas que solemos callar las madrastras. Las que nos casamos con Señores o Señoras “con paquete”, las que no nos asustamos de los amores con “mochila”, las que críamos hijos ajenos como propios sin decir ni MU, pero, muchas veces, ahogamos la necesidad de aullar como lobos. Esta columna es para nosotras: “¡¡¡Aaaaúúúúúúú!!!”
Y es así, un día te enamorás y no te importa nada. Y está bien. Porque generalmente son los varones que se han enamorado de nosotras, quienes nos ayudan a criar nuestros hijos. Pero, también, somos nosotras, las que muchas veces, como es mi caso, criamos los hijos de nuestra pareja. Pero hay una diferencia fundamental: cuando el que te ayuda es un hombre, es un amor. Cuando “la nueva” sos vos, sos la Madrastra de Blanca Nieves.
Y es que las esposas de los papás (o de las mamás) tenemos mala prensa. Básicamente porque las mujeres tenemos mala prensa en general. Además, es genial, porque, incluso cuando los hijos de tu pareja viven en tu casa, criándose junto a tus hijos, igual “la otra” (la ex) te odia… o se hace la boluda, pero te odia. Y si creés que te llevás bárbaro… más te vale tener una cintita roja encima.
A medida que pasan los años y vas pasando la treintena, las posibilidades de encontrar un hombre sin hijos se va complicando. Así, si tenés la posibilidad de enamorarte, no te vas a andar fijando si tiene o no tiene criaturas … o sí. Yo no me fijé … y eso que yo tenía menos de treinta y no tenía hijos propios. Después hay distintas variantes: los hijos del otro vienen los fines de semana, una sola vez, o tu marido tiene problemas con su ex, que no quieren que sus hijos estén con vos y te morfás las puteadas de la otra, la angustia de tu pareja y todas tus frustraciones… pero para el mundo sos LA MADRASTRA. Y vos MUTIS: chito la boquita.
Mi caso no fue ninguno de esos, o, en todo caso, fue pasando por distintos estadíos. Con la ex de mi marido siempre me llevé bastante bien. Y mi marido es un capo que siempre supo darme mi lugar, ser un padre presentísimo, incluirme, mimarme y armar una familia nueva conmigo y nuestros dos hijos. Un día, cuando el mayor nuestro, Benja, tenía tres años todo cambió de golpe: los hijos de Rober que venían a casa 3 días a la semana … vinieron a vivir acasa … ¡Oh, my God! No fue fácil. No es fácil. Aunque sea hermoso.
Las preguntas de Benja eran geniales, terribles o incalificables: “¿Pero vos sos la mamá de Feli y Lola?” “¿Pero ellos tienen mamá?…¿Pero quién es el papá?, ¿Y cómo puede ser, si vos sos la esposa?, ¿Y el hermano de ellos (el que la ex de mi marido tuvo con otro señor) es mi hermano también? ¿Pero ese es hijo de papá?…” Y las preguntas eran millones y mis respuestas no pasaban de un SI o un NO. Y, obvio, no esclarecían nada. Ni yo misma puedo seguir el hilo de esa lógica. Pero él lo incorporó sin problema y no le genera ningún conflicto. Ahora, mi parada… nuestra parada… no es moco de pavo nena.
Un día, esos niños que tenían 4 y 9 años, tuvieron 13 y 18 y vivían en mi casa. Y hoy tienen 18 y 23… Y no es fácil ser LA MADRASTRA. Es injusto para todas las partes. Imagínense un momento: una trata de acompañar y criar, pero no es la mamá… pero viven con vos y lloran con vos. Una tiene todas las obligaciones pero ninguno de los derechos. Tratamos de no romper mucho las bolas, pero tenemos derecho a pedir algunas cosas, ¿o no?… ¿No? ¿Cómo que no? ¿Acaso mi plata no vale? ¿A quién me quejo? ¡¿Dónde está el gerente, laputaqueloparió?! ¡Devuélvanme la plata!
Más allá del chiste, siempre hay alguna parte que queda en el medio: tu hijo, que de ser hijo único pasa a tener dos hermanos más en casa, los hijos de tu esposo que aterrizan ahí y sienten que no tienen su espacio, tu marido que está harto de mediar y vos… que parecieras ser la única que no tiene derecho al pataleo: “¡No seas injusta, ellos también son mis hijos!…” Esos niños que, de chiquitos, son fáciles de llevar, entretener, amar y conquistar, un día se convierten en adolescentes y … ¡OH, DIOS! Si los adolescentes odian a sus padres, ¡imagínense a su madrastra! Yo que era la “mamastra” con más onda, pasé a ser Cruella De Vil, Maléfica, una cochuda y “lo menos”.
La verdad es que es muy difícil encontrar el lugar ideal para pararte, tratar de no ser egoísta, pero sin callar lo que te duele. No querés mostrar la hilacha, no querés pensar eso que te sale de la panza … en fin: ¿Quién nos escucha a nosotras? ¿A quién nos podemos quejar las madrastras?, ¿a dónde podemos dirigirnos a asentar nuestras demandas, sin desgastar nuestra pareja ni lastimar a los chicos, pero siendo sinceras y auténticas? ¿Es posible? ¿Ah, no? ¡ME LO IMAGINABA! NECESITO VACACIONES DE MÍ.
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“¿A quién me quejo? ¡¿Dónde está el gerente, laputaqueloparió?! ¡Devuélvanme la plata!”
jajajaja GEENIAALL!! mi pareja tiene un hijo de 7, vine los fines de semana, pero igual… como cuestaaaa!! ser buena, pero que el chiquito no me “suba a la cabeza” esta clarísimo que no quiere compartir con nadie al padre. mi solución: los fines de semana tengo muchas actividades… y asi evito pensar y decirle “pendejo malcriado te hace falta limites!”
he dicho,
Devuelvanme la plata!