Por @CarlitaCz.
Resultá que Benja se enfermó, pobrecito, y los bronquios se le estrujaraban de una manera que te partía el alma. Ya saben, nada del otro mundo: mocos, nebulizaciones y vómitos esporádicos. Peeeeeero llamé al pediatra y, cada vez que uno llama… queda indefenso, a su merced. Porque, los pediatras, tienen ideas geniales para que hagamos los otros. Total, los que nos fumamos a los pibes y sus gritos somos nosotr@s.
Foto de @FrancoUrribarri.
La situación me llevó a llamar al doctor de los pibes (Dr. Faganello capo, capísimo a quien adoramos), porque hay que reconocer que, en general, cuando una llama está desbordada. Nunca decís: “Hola, sí, mirá, bueno, resulta que el chiquito tiene un poquito de ….”. ¡NO! Es más bien un “Tiene fiebreeeeee”, en un tono chillón bastante exasperante pero que pretende no serlo. Todos hemos estado al lado del pediatra cuando le atiende el teléfono a los otros y vemos las caritas que nos pone… Cuando nosotras los llamamos, esas caritas, se las ponen a los otros… de nosotras.
Pero el tema de hoy no es lo que toleran ellos sino las órdenes marciales que aceptamos (sin chistar), de los pediatras, que, como he dicho, siempre tienen ideas geniales para que hagan los otros.
Te tiran “tareas” o “misiones” imposibles que van desde el destete, el duérmete niño, sacar a los chicos de tu cama, hasta cómo hacer para que “coman livianito o sin condimentos” cuando están mal de la panza muchos días, o se queden quietitos si tienen mononucleosis. Así, aceptamos cosas como: “Sacale la teta de la noche” ……… ¡¡¡¿¿QUÉÉÉÉ??!!!! “Sí – te dice él- no se va a morir de hambre, acaba de cenar”… No, no se va a morir de hambre, pero va a gritar una hora y va a tardar 3 horas más en dormirse y, encima, se va a dormir en tu cama, que es LO OTRO que estás tratando de evitar. Ó, cuando querés que se duerma en su cama y “#todalanoche” y arrancás con ese Duermete Niño del orrrrrrrrrrrrrrrto que escribió Hitler y que dice más o menos lo siguiente: “Sí, mami, le cantas su cancioncita, le das un besito, le apagás la lucecita y te vas a la mierdita”. La primera vez que lo intenté con mi hijo mayor, volví a fumar, así que imagínense el cuadro… total, claro, ellos están en su camita calentitos mirando Tinelli. ¡VENÍ ACÁ, SI SOS PULENTA, DOTTTTOR!
Igual, hay que ser reflexiva y reconocer que, con el primer hijo una es una idiota que duda de todo: si le tenías que dar 10 gotitas de un remedio y se te callo una gota de más en la cucharita, tenés miedo de frustrarlo, intoxicarlo o… esas boludeces de madre primeriza. Y hablando de madres primerizas, decidí consultar a una experta en este tema: Ingrid Beck (alias @madreprimeriza1), que hace unos meses publicó, junto a Alejandro Fainboim- pediatra de sus chicos- el libro “Auxilio somos padres: manual para no enloquecer (al pediatra)”.
La cuestión es que, para no sentirme tan sola, charlé un rato con Ingrid que, ya en su libros “Guía (inútil) para madres primerizas” I y II (junto a Paula Rodriguez) hizo que las “mamis reales” no nos sintamos adefesios diabólicos. Aquí transcribo fragmentos de nuestro intercambio, para que ustedes, “mis chicas”, vean que nosotras (las reales) somos muchas más de las que todos dicen. Nosotras, las que creemos que “MAMI SE HACE, NO SE NACE”. He aquí otra mujer como nosotras, ¡y eso se agradece bocha!
YO: ¿Sos de las que nacieron con “instinto” para atender a sus hijos en el llanto?
I.B.:En absoluto. No nací con ningún instinto. Lo fui construyendo con poca paciencia y bastante angustia. No me gustan los niños, así que no tenía experiencia en bebés. Los míos, por suerte, me gustan.
YO: ¿Qué fue lo más difícil de cumplir de todo lo que te “ordenó” tu pediatra?
I.B.: Me conseguí un pediatra que no me diera muchas órdenes, sino sugerencias. Así que desobedecía con menos culpa. Para elegir al pediatra, hice varias “entrevistas prenatales” (sí, eso de elegir pediatra con el bebé adentro tiene nombre, por suerte para las neuróticas). Tres que recuerde.
YO: ¿Cuáles fueron tus primeras angustias o dudas para las que recurriste a él?
I.B.: Todas. Como primeriza tuve todas las dudas: desde contextura y color de la caca hasta temperatura del agua para el baño, incluidos temas de sueño y lactancia.
YO: ¿Qué es lo más estúpido que le preguntaste con tu 1er bebé?
I.B.: Creo que algo así: “¿Cómo hago para que duerma toda la noche?”. Respuesta: No hay fórmulas. Respuesta mía: ¡Ufa!
YO: ¿Sos de las “hincha bolas” que llaman mucho tipo: “Mirá, te llamo porque tiene tos…”?
I.B.: Ahora cada vez menos porque los chicos están más grandes, pero sí, contaminadas por el “Ya sé que te estoy molestando, perdoname, debo ser la peor, pero…”. Una vez le dije: “Soy la madre más molesta, ¿no?”. Y él me dijo: “No, hay una peor: mi mamá”.
YO: ¿Hiciste el “duérmete niño”?
¿Durmieron o duermen en tu cama?
¿Cómo lo revertiste, si lo revertiste?
I.B.: Con mi primer hijo tuve un posparto tremendo porque el pibe no dormía más de una hora y media seguida, hasta que me resigné. Con el segundo, fue igual, pero con la certeza de que en algún momento iba a dormir. Detesto el Duérmete Niño, aunque intenté hacerlo “a mi manera”. Jamás resultó. Igual, no acuerdo en nada con lo que dice Estivill y haría campaña en su contra. Durmieron mucho en mi cama y lo revertí pero no por convicción, sino por comodidad.
“Por comodidad” … esa fue la llave. Al Dr. Faganello, como a cualquier pediatra, por si fueran poco los mocosos, le ha tocado el martirio de lidiar con las madres de las bestias y a él, entre otras, le he tocado en suerte yo. Lo lamento, pero …¡TODO SE PAGA EN ESTA VIDA! No, en serio, quiero ser justa porque lo adoro y, si no, no me va a atender más el celular y ahí: ¡chau!, eso sería el “ACABOSE”. El tema es que un día el pediatra me dijo la palabra mágica: “comodidad”. Cuando entendí que las madres y los padres podemos “hacer” a nuestros hijos a nuestra imagen y semejanza, según nuestra comodidad, cambió la bocha. Teta a demanda o cada tres horas, depende lo que te convenga. Podés sacarle la teta a los dos años… o a los seis meses, depende lo que te convenga. Pueden dormir en su cama o en tu cabeza, depende lo que te resulte más cómodo. Cuando pensé en estar cómoda y feliz, puse los límites. Lo único que importa es sonar segura: “¡A DORMIR!”, “¡A BAÑARSE!”, “¡A COMER!”… Y el Duermete niño: ¡A CAGAR!
FE DE ERRATAS: Gracias, Faga, empecé quejándome de los pediatras pero, al final, vos me mostraste la luz. ¡CAPOOOO!!!
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Ahhhhh!!! Qué alivio Carla!!! No soy la única que crío a su hijo sobre el pilar de la “comodidad”!!!!!! Si a los dos meses no lo pasaba a mi cama, moría por falta de sueño. Así, el enano tenía canilla libre de teta y yo dormía unas horitas de un tirón!!!!