Por @CarlitaCz.
Mañana de domingo. Me levanté y no tuve peor idea que invitar a mi vieja a tomar el té. Cada vez que viene, llega y me da vuelta en el aire. Armo las cosas para un lado y ella las lleva para el otro. Le cuento algo de los pibes y ella me caga a pedos. Le ofrezco lo que tengo para tomar, pero ella prefiere otra cosa. Y, para concluir, antes de irse me limpia los platos y la cocina entera, como si yo fuera una mugrienta. A veces, mientras ella está en casa de invitada, me dan ganas de agarrar la cartera y huir.
Hoy más que nunca me, adueño de mi espacio y me doy el derecho al pataleo.
El tema es que las madres en general, pero especialmente las judías, queremos estar en todo. Y permítanme hoy reparar en las madres judías. Las “Idishe Mames” necesitamos estar en todo, controlándolo todo. Lo terrible es que todo no se puede y lo sabemos… y lo sufrimos. Eso: lo sufrimos. Porque las judías somos las campeonas de dos cosas: SUFRIR Y LA CULPA. Nos mata.
El “100% feliz” es algo que ignoramos absolutamente. Nada es perfecto nunca, siempre buscamos un pelo al huevo. Nos cuesta horrores porque algo no fue suficiente, o porque tanto no comieron. Porque tan buena cara no pusieron, o porque seguro algo se guardaron. ¡Unas rompe huevos atómicas y crónicas!.
El caso de las madres judías con sus hijas merecería ser abordado largamente. Juntas son como un monstruo de dos cabezas. Andan por la vida como los “Hermanos Macana”, dándose cachiporrazos, pero siempre juntas… en el mejor de los casos. Y siempre opinando. La madre judía te opina de todo, porque todo sabe más y mejor que vos, por eso se sienten impunes y opinan sobre lo que hacés, cómo lo hacés y cómo deberías haberlo hecho. Ellas saben todo porque, serán conchudas, pero “SON MADRES”
LAS MADRES JUDÍAS …. PUFF!!!! Son una potencia en la capacidad de “frustrar con amor”. Las madres sufren para que sus hijas sientan culpa … y sus hijos y esposos también, porque ellas, en estas cuestiones, ¡no se privan de-na-da!. En otras cuestiones sí se privan, pero para poder sufrir y echártelo en cara… para que sientas culpa. Y esta fórmula se viene repitiendo desde hace miles de años, de generación en generación, casi como un secreto cultural a voces. ¡Oy, vei!
Y si hablamos de CULPA … no me dejan otra que presentarles a LA ABEJA REINA: MI MADRE. La que viene y me trapea el piso de la cocina como si yo viviera en un chiquero. A veces, para coronar el día viene mi vieja a ver a los chicos, o como le gusta decir a ella: “voy para AYUDARTE con los chicos”. Y una, cuando tiene hijos, las invita a su casa en el afán de ser ayudadas, y termina siendo una víctima pasiva de su propia madre, para no putearla adelante de los chicos, sus nietos. El tema es que, para mi vieja, “ayudarme con los chicos” es sentarse y pedirme que le alcance lo que sea para que ella pueda atender a los pibes… sin despegar el orto de la silla, la cama o el piso. Entonces me la paso dándole cosas y asistiéndola para que me asista… y me deja de cama. Así que, entre reproches, reclamos y su ojos supervisor y, como si el shot de culpa extra que te insufla fuera poco, terminás atendiendo no solo a tus pibes, sino a tu vieja que, en realidad, vino a jugar a las visitas.
Y yo siempre, pero siempre, caigo en su trampa. ¡Mátenme!
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Tengo q investigar, en mis origenes, xq despues de leer la nota, puedo asegurar q mi madre y yo somos judias, o al menos, judias por opcion jajajaj